El índice de frecuencia de accidentes constituye uno de los indicadores más representativos dentro de la gestión de seguridad y salud en el trabajo, ya que permite medir la ocurrencia de eventos con lesión en función de la exposición real al riesgo. A diferencia de los conteos absolutos de accidentes, este indicador vincula los incidentes con las horas efectivamente trabajadas, lo que permite comparar periodos, áreas operativas, empresas o sectores productivos sin que el tamaño de la plantilla distorsione los resultados.
Esta característica lo convierte en una herramienta técnica indispensable para evaluar el desempeño preventivo y la madurez del sistema de gestión de riesgos.
Desde una perspectiva operativa, el índice de frecuencia facilita la lectura objetiva del comportamiento de la siniestralidad.
Un incremento sostenido del indicador puede evidenciar:
fallas en los controles operativos
debilidades en la supervisión
deficiencias en la cultura preventiva
Mientras que reducciones consistentes suelen asociarse con:
mejoras en la capacitación
fortalecimiento del control de riesgos críticos
implementación de programas de seguridad basados en comportamiento
Por ello, este indicador no solo cumple una función estadística, sino también estratégica, al permitir detectar tendencias, priorizar acciones correctivas y justificar inversiones en prevención.
El cálculo del índice se basa en la relación entre:
número de accidentes con lesión
total de horas trabajadas
Multiplicado por un factor estadístico que normaliza los resultados.
Sin embargo, a nivel internacional no existe un único factor universal, ya que diferentes organismos han establecido referencias que responden a modelos laborales y fines comparativos distintos.
La Occupational Safety and Health Administration utiliza un factor de 200 000, equivalente a la exposición de cien trabajadores que laboran cuarenta horas semanales durante cincuenta semanas al año.
Este enfoque permite generar un indicador comparable entre empresas de distintos tamaños bajo una referencia estándar de exposición laboral. El resultado refleja cuántos accidentes ocurrirían si la empresa tuviera exactamente esa fuerza laboral teórica, lo que facilita comparaciones sectoriales y análisis regulatorios.
Por su parte, la American National Standards Institute emplea un factor de 1 000 000, basado en la exposición equivalente a quinientos trabajadores bajo el mismo esquema de jornada.
Este modelo se utiliza principalmente en contextos técnicos o industriales donde se busca un indicador más sensible para comparaciones estadísticas amplias, análisis históricos o estudios sectoriales de gran escala. El uso de un factor mayor no altera la tendencia del indicador, pero sí incrementa su magnitud numérica, lo que puede resultar útil en análisis comparativos internacionales.
En contextos donde no existe una regulación específica sobre el método de cálculo, es válido emplear cualquiera de los dos criterios siempre que se mantenga consistencia metodológica.
Lo importante no es el factor utilizado, sino la estabilidad del método a lo largo del tiempo, ya que los cambios de fórmula pueden generar interpretaciones erróneas sobre la evolución real de la seguridad.
El valor del índice de frecuencia no radica únicamente en su cálculo, sino en su interpretación.
Un indicador bajo no siempre implica un sistema seguro si existe subregistro de incidentes.
Por el contrario, un aumento temporal puede reflejar mejoras en los procesos de reporte y no necesariamente un deterioro de las condiciones laborales.
Por ello, su análisis debe acompañarse de indicadores complementarios como:
tasa de gravedad
índice de severidad
potencial de fatalidad
análisis de eventos de alto riesgo
Integrado correctamente en un sistema de gestión, el índice de frecuencia permite:
construir tableros de control
alimentar auditorías internas
evaluar desempeño de contratistas
medir la eficacia de programas preventivos alineados con ISO 45001
Además, facilita la comunicación de resultados a la alta dirección, ya que traduce la seguridad en valores cuantificables que pueden relacionarse con productividad, continuidad operativa y reputación corporativa.
En términos prácticos, este indicador funciona como un termómetro de la exposición al riesgo y de la efectividad del control operativo. Cuando se utiliza de forma sistemática, permite pasar de una gestión reactiva basada en accidentes ocurridos a una gestión preventiva sustentada en tendencias y evidencia estadística.
De esta forma, el índice de frecuencia deja de ser solo una fórmula y se convierte en una herramienta estratégica para fortalecer la cultura de seguridad, orientar decisiones y consolidar organizaciones más resilientes frente al riesgo laboral.