Con base en la Memoria Estadística del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), se analiza la evolución de los Accidentes de Trabajo como uno de los componentes centrales de los Riesgos de Trabajo, conforme a la Ley Federal del Trabajo. De acuerdo con el Artículo 474, el accidente de trabajo comprende toda lesión orgánica o perturbación funcional producida repentinamente en ejercicio o con motivo del trabajo, incluyendo los accidentes ocurridos durante el trayecto domicilio–trabajo–domicilio. Este análisis se enfoca exclusivamente en los accidentes ocurridos en el ejercicio del trabajo, excluyendo trayecto y enfermedades.
Comportamiento general
En el periodo 2006–2024, los Accidentes de Trabajo muestran una tendencia general ascendente de largo plazo, interrumpida por ajustes cíclicos y un quiebre excepcional en 2020, seguido de una recuperación acelerada. En términos absolutos, los registros pasan de 309,539 accidentes en 2006 a 418,514 en 2024, lo que representa un incremento neto de +108,975 casos (+35.2%). Aunque el volumen crece, su peso relativo dentro de los Riesgos de Trabajo disminuye gradualmente, reflejando una recomposición interna del indicador total.
Evolución por etapas
Expansión inicial (2006–2008).
Los accidentes aumentan de 309,539 (2006) a 411,179 (2008), un crecimiento de +101,640 (+32.8%). Este tramo refleja una fase de expansión rápida, asociada al aumento de la actividad productiva y la exposición operativa.
Ajuste y recuperación (2009–2012).
En 2009 se observa una corrección a 395,024, seguida de una recuperación que culmina en 2012 con 434,600 accidentes, uno de los valores más altos del periodo. La serie consolida niveles superiores a 400 mil casos anuales.
Corrección moderada (2013–2014).
Tras el máximo de 2012, los accidentes descienden a 420,720 (2013) y 396,997 (2014). Esta fase muestra un ajuste sin ruptura estructural, manteniéndose en un rango elevado.
Meseta alta (2015–2019).
Entre 2015 y 2019, los accidentes se estabilizan en valores altos: 404,473 (2015), 407,949 (2016), 419,628 (2017), 400,820 (2018) y 398,938 (2019). Se configura una meseta cercana a los 400 mil casos anuales.
Quiebre excepcional (2020).
En 2020, los accidentes de trabajo caen abruptamente a 278,184, el mínimo de toda la serie, con una reducción interanual de −120,754 casos (−30.3%). Este comportamiento representa un evento atípico que rompe la dinámica histórica y debe analizarse como una anomalía coyuntural.
Reaceleración y nuevo máximo (2021–2024).
A partir de 2021, la serie se recupera con rapidez: 305,646 (2021), 333,410 (2022), 392,061 (2023) y 418,514 (2024). Entre 2020 y 2024, el incremento acumulado es de +140,330 casos (+50.4%), alcanzando en 2024 el máximo histórico del periodo.
Interpretación de la tendencia
La evolución de los accidentes de trabajo refleja un crecimiento estructural de largo plazo, con sensibilidad a ciclos económicos y a cambios abruptos en las condiciones laborales. La meseta 2015–2019 indica una persistencia del riesgo operativo pese a las medidas preventivas. El colapso de 2020 constituye un quiebre excepcional que no responde al patrón histórico y, por tanto, no debe extrapolarse como tendencia. La recuperación acelerada posterior confirma que el riesgo subyacente se mantiene y que, una vez normalizada la actividad, los accidentes retornan a niveles altos.
La reducción del peso relativo de los accidentes dentro de los Riesgos de Trabajo no implica una mejora sustantiva del desempeño preventivo, sino una recomposición impulsada por el crecimiento de otros componentes (particularmente trayecto).
Conclusión
El análisis de tendencias de los Accidentes de Trabajo con base en la Memoria Estadística del IMSS para 2006–2024 evidencia una tendencia ascendente de fondo, interrumpida por un evento atípico en 2020 y seguida de una reaceleración que culmina en el máximo histórico de 2024 (418,514 accidentes). A pesar de ajustes temporales, los niveles se mantienen elevados, lo que confirma que los accidentes de trabajo continúan siendo el principal componente de los Riesgos de Trabajo en términos absolutos. La evidencia respalda la necesidad de fortalecer controles operativos, ingeniería de seguridad, capacitación y supervisión, así como de evaluar los resultados preventivos con cautela ante rupturas coyunturales como la observada en 2020.