La gestión segura de líquidos inflamables y combustibles es uno de los pilares fundamentales de la protección contra incendios en instalaciones industriales, comerciales y de almacenamiento. Para ello, normas como NFPA 30 (Flammable and Combustible Liquids Code), NFPA 1 (Fire Code) y el International Fire Code (IFC) establecen un sistema de clasificación basado principalmente en el punto de inflamación (flash point) y, en ciertos casos, en el punto de ebullición. Esta clasificación permite identificar el nivel de riesgo de cada sustancia y definir los controles necesarios para su almacenamiento, manejo y protección.
El punto de inflamación se define como la temperatura mínima a la cual un líquido libera vapores suficientes para formar una mezcla inflamable con el aire que puede encenderse en presencia de una fuente de ignición. Este parámetro es clave porque determina la probabilidad de que un incendio ocurra bajo condiciones normales de operación. A diferencia de otros sistemas enfocados en la comunicación del peligro, como el GHS, la clasificación NFPA–IFC está diseñada principalmente para controlar riesgos estructurales, espaciales y de incendio dentro de las instalaciones.
De acuerdo con NFPA 30 y el IFC, los líquidos se dividen en dos grandes grupos: líquidos inflamables y líquidos combustibles. Los líquidos inflamables son aquellos con puntos de inflamación más bajos, lo que implica que pueden encenderse fácilmente a temperaturas ambientales comunes. Los líquidos combustibles, aunque requieren temperaturas más altas para liberar vapores inflamables, siguen representando un riesgo significativo y no deben considerarse seguros por defecto.
Dentro de los líquidos inflamables, se encuentran las Clases IA, IB e IC. La Clase IA corresponde a los líquidos con el mayor nivel de peligro, ya que presentan puntos de inflamación muy bajos y puntos de ebullición inferiores a 37.8 °C. Estas sustancias generan vapores inflamables de forma intensa y rápida, lo que incrementa el riesgo de incendios y explosiones incluso en áreas aparentemente controladas. Su almacenamiento y manejo requieren estrictas medidas de ventilación, control de ignición y sistemas contra incendio especializados.
La Clase IB incluye líquidos con puntos de inflamación bajos, pero con puntos de ebullición iguales o superiores a 37.8 °C. Aunque ligeramente menos peligrosos que los de Clase IA, siguen siendo altamente inflamables y requieren controles similares. La Clase IC, por su parte, agrupa líquidos con puntos de inflamación cercanos a los 22 °C, que aún pueden inflamarse fácilmente en condiciones ambientales cálidas o en procesos donde exista generación de calor, chispas o fricción.
Por encima de este umbral se encuentran los líquidos combustibles, clasificados como Clase II, Clase IIIA y Clase IIIB. La Clase II incluye líquidos con puntos de inflamación alrededor de los 37.8 °C, que requieren una fuente de calor más intensa para encenderse, pero que siguen representando un riesgo importante en operaciones industriales. La Clase IIIA abarca líquidos con puntos de inflamación superiores a 60 °C, mientras que la Clase IIIB corresponde a líquidos con puntos de inflamación iguales o mayores a 93 °C.
Aunque los líquidos combustibles presentan una menor probabilidad de ignición inmediata, NFPA y el IFC enfatizan que no están exentos de peligro. En condiciones como sobrecalentamiento, atomización, derrames extensos o acumulación de vapores en espacios confinados, estos líquidos pueden incendiarse y generar eventos de gran magnitud. Por ello, su clasificación sigue siendo fundamental para definir distancias de separación, volúmenes máximos permitidos y requerimientos de protección.
Uno de los principales objetivos de esta clasificación es establecer criterios claros para el almacenamiento seguro. NFPA 30 y el IFC determinan límites de cantidad por área, tipos de recipientes, características de gabinetes para inflamables, requisitos de ventilación y sistemas de supresión de incendios. A menor punto de inflamación, mayores son las exigencias en cuanto a control y protección, lo que permite reducir significativamente la probabilidad de incidentes mayores.
Asimismo, estas normas sirven como base para el diseño de planes de emergencia y respuesta a incendios. La correcta identificación de la clase de líquido permite anticipar el comportamiento del fuego, seleccionar el agente extintor adecuado y proteger al personal de respuesta. Un incendio que involucra líquidos Clase IA o IB puede evolucionar de forma explosiva, mientras que uno asociado a líquidos Clase III suele presentar un desarrollo más lento, aunque no menos peligroso.
Es importante destacar que la clasificación NFPA–IFC no compite con otros sistemas como el OSHA–GHS, sino que lo complementa. Mientras el GHS está enfocado en la comunicación del peligro a través de etiquetas y hojas de datos de seguridad, NFPA 30, NFPA 1 y el IFC se centran en la gestión integral del riesgo de incendio dentro de las instalaciones. Ambos enfoques son necesarios para una estrategia de seguridad química robusta.
En conclusión, la clasificación de líquidos inflamables y combustibles según NFPA 30, NFPA 1 y el International Fire Code constituye una herramienta esencial para la prevención de incendios y la protección de vidas, instalaciones y procesos. Comprender el significado de cada clase, así como sus implicaciones operativas, es una responsabilidad clave para ingenieros, responsables de seguridad, supervisores y personal operativo. En protección contra incendios, reconocer el riesgo real de un líquido no es una opción: es una condición indispensable para operar de manera segura y responsable.