Además de los riesgos críticos asociados al ingreso a silos y contenedores, las instalaciones de manipulación de granos enfrentan un peligro estructural igualmente severo: las explosiones de polvo combustible y los incendios industriales. Estos eventos suelen desarrollarse de manera súbita, con efectos devastadores sobre la vida humana, la infraestructura y la continuidad operativa. La evidencia histórica demuestra que muchas de estas explosiones no se originan por fallas extraordinarias, sino por acumulaciones progresivas de polvo, fuentes de ignición no controladas y deficiencias de mantenimiento.
La gestión de estos riesgos requiere un enfoque preventivo integral, alineado con criterios técnicos internacionales como los establecidos por la Occupational Safety and Health Administration, particularmente en su regulación para manejo de granos, que reconoce al polvo como el principal combustible de incendios y explosiones secundarias.
La base de la prevención de explosiones de polvo es el control efectivo y permanente de la acumulación de partículas combustibles. Para ello, los empleadores deben desarrollar e implementar un programa de limpieza escrito, con instrucciones claras, responsabilidades definidas y frecuencias establecidas, orientado a reducir el polvo en repisas, pisos, estructuras, equipos, ductos y cualquier superficie expuesta.
Este programa no debe concebirse como una actividad cosmética o secundaria, sino como una barrera crítica de seguridad industrial. El polvo suspendido puede generar explosiones primarias, mientras que el polvo depositado actúa como combustible para explosiones secundarias de gran magnitud, que suelen ser las más destructivas.
Dentro de las instalaciones de manejo de granos, existen zonas de riesgo elevado donde la acumulación de polvo debe controlarse de manera especialmente estricta. Entre estas áreas se incluyen los pisos ubicados a menos de 10.6 metros (35 pies) del interior de los elevadores de cangilones, los pisos de áreas cerradas que albergan equipos de molienda y las áreas cerradas que contienen secadoras de granos instaladas dentro de las instalaciones.
En estas zonas prioritarias, la acumulación de polvo no debe exceder 3 mm (1/8 de pulgada). Este valor no representa un umbral seguro, sino un límite máximo reconocido como suficiente para provocar incendios o explosiones. Desde un enfoque preventivo robusto, el objetivo operativo debe ser minimizar al máximo la presencia de polvo, incluso por debajo de dicho valor.
Los elevadores de cangilones constituyen uno de los equipos más críticos en términos de riesgo de explosión primaria. El movimiento continuo, la fricción mecánica y la presencia de polvo fino crean condiciones propicias para la ignición si no se aplican controles estrictos.
Las bandas de elevadores adquiridas después del 30 de marzo de 1988 deben ser conductoras, con una resistencia eléctrica superficial no superior a 300 megaohmios, a fin de evitar la acumulación de electricidad estática. Asimismo, estos elevadores deben contar con aberturas de inspección tanto en la sección de la polea de cabeza como en la bota, lo que facilita la limpieza, el mantenimiento y la detección temprana de fallas.
Los rodamientos representan otra fuente crítica de ignición. Cuando se encuentran montados dentro o parcialmente dentro de la carcasa, deben estar asociados a sistemas de monitoreo de temperatura, vibración u otras variables de condición, capaces de detectar fallas antes de que se produzca un sobrecalentamiento. Adicionalmente, los elevadores deben incorporar dispositivos de detección de movimiento, que detengan el equipo cuando la velocidad de la banda se reduzca hasta un 20 % de su velocidad normal de operación.
Un programa de mantenimiento preventivo estructurado es esencial para controlar las fuentes de ignición mecánicas y eléctricas. Motores, correas, rodamientos, sistemas de transmisión y componentes eléctricos deben inspeccionarse periódicamente para detectar desgaste, desalineaciones, fricción excesiva o fallas incipientes.
El uso de herramientas de diagnóstico como análisis de vibraciones, cintas termosensibles o sistemas de monitoreo térmico permite anticipar condiciones peligrosas antes de que evolucionen hacia un evento de ignición. En instalaciones de granos, el mantenimiento no es solo una práctica de confiabilidad, sino una medida directa de prevención de incendios y explosiones.
Las actividades de trabajo en caliente —como soldadura eléctrica, soldadura a gas, corte, esmerilado o cualquier operación que genere chispas o llamas— deben estar rigurosamente controladas. Estas tareas representan una de las fuentes de ignición más frecuentes cuando se ejecutan sin permisos, sin limpieza previa o sin aislamiento adecuado del área.
El control del trabajo en caliente debe integrarse con los programas de limpieza, asegurando la eliminación del polvo combustible antes de iniciar la tarea, así como con sistemas de permisos de trabajo y supervisión permanente.
El diseño e instalación de cableado y equipos eléctricos adecuados para ubicaciones peligrosas es otro elemento fundamental. Los sistemas eléctricos deben considerar la clasificación de áreas con presencia de polvo combustible, empleando equipos certificados que reduzcan el riesgo de chispas, sobrecalentamiento o fallas eléctricas.
Una instalación eléctrica inadecuada puede convertirse en una fuente constante de ignición, incluso en condiciones normales de operación.
Los sistemas de recolección de polvo deben diseñarse y ubicarse de manera que minimicen el riesgo de explosión y la propagación de eventos. Los colectores de filtro instalados después de marzo de 1988 deben colocarse fuera de las instalaciones o en áreas protegidas por sistemas de supresión de explosiones, o bien separadas mediante construcciones con resistencia al fuego mínima de una hora y con ventilación al exterior.
Este enfoque busca contener y dirigir la energía de una posible explosión, evitando su transmisión hacia zonas ocupadas por trabajadores u otros equipos críticos.
Finalmente, la presencia de material ferroso en los flujos de grano representa un riesgo significativo al ingresar a equipos como molinos de martillos, molinos y pulverizadores. El impacto entre metales puede generar chispas capaces de iniciar incendios o explosiones.
La instalación de sistemas eficaces de separación magnética permite eliminar estos materiales antes de que alcancen los equipos críticos, reduciendo de manera directa las fuentes potenciales de ignición.
La prevención de explosiones de polvo e incendios en instalaciones de manipulación de granos es el complemento indispensable de las medidas de seguridad para ingreso a silos y contenedores. Ambos enfoques comparten un principio común: los accidentes graves no son inevitables, sino el resultado de riesgos conocidos que no fueron controlados oportunamente.
La implementación disciplinada de programas de limpieza, mantenimiento preventivo, control de ignición, diseño seguro de equipos y gestión documental transforma a estas instalaciones en entornos significativamente más seguros. En el manejo de granos, el polvo no es un residuo operativo: es un combustible, y su control riguroso marca la diferencia entre una operación segura y un evento catastrófico.
Publicado por: Dr. Julio C. Benítez Domínguez, febrero 2026