Las excavaciones en zanjas constituyen una de las actividades con mayor potencial de accidentes graves y fatales en sectores como la construcción, obras civiles, instalaciones de servicios, petróleo y gas, y mantenimiento industrial. A diferencia de otros trabajos, el riesgo en una zanja no siempre es evidente para el personal operativo: una excavación puede aparentar estabilidad y, sin previo aviso, colapsar en cuestión de segundos. La mayoría de los eventos graves asociados a zanjas no se deben a fallas extraordinarias, sino a prácticas inseguras normalizadas, deficiencias de planeación y ausencia de controles de ingeniería básicos.
El peligro más significativo en una zanja es el derrumbe o colapso del terreno. El suelo no es un material uniforme ni predecible; su comportamiento depende del tipo de suelo, la humedad, la estratificación, las vibraciones, las cargas externas y el tiempo que la excavación permanece abierta. Incluso zanjas relativamente poco profundas pueden generar fuerzas suficientes para sepultar a un trabajador, provocar asfixia mecánica, lesiones internas severas o la muerte. Un solo metro cúbico de tierra puede pesar más de una tonelada, lo que hace prácticamente imposible la auto-rescate.
Un escenario de alto riesgo ocurre cuando una cargadora frontal u otro equipo pesado está volcando tierra en el borde superior de la zanja mientras hay trabajadores dentro. Esta práctica incrementa de forma inmediata la presión lateral sobre las paredes de la excavación y genera vibraciones que debilitan la cohesión del suelo. Además, el material descargado puede caer directamente sobre los trabajadores, provocando golpes, atrapamientos o sepultamientos parciales. La combinación de carga adicional y vibración convierte a la zanja en un entorno extremadamente inestable.
Relacionado con lo anterior, los montones de tierra excavada y la presencia de equipo demasiado cerca del borde de la zanja representan un factor crítico de riesgo. El material extraído, conocido como “material de excavación” o “escombro”, ejerce una carga adicional sobre las paredes cuando se coloca cerca del borde. A esto se suma el peso y las vibraciones del equipo pesado que circula o se estaciona en las inmediaciones. Esta condición incrementa significativamente la probabilidad de derrumbe, especialmente en suelos sueltos, arenosos o saturados de agua.
Otro peligro grave es la ausencia de medios de acceso y salida seguros. Cuando no existe una escalera, rampa u otro medio fácilmente accesible para que los trabajadores salgan de la zanja, se limita la capacidad de respuesta ante una emergencia. En caso de colapso, acumulación repentina de agua, fuga de gas o presencia de una atmósfera peligrosa, la falta de una salida inmediata puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Además, intentar salir trepando por las paredes incrementa el riesgo de desprendimientos y caídas.
La falta de barreras, barandillas o señalización de advertencia alrededor de la zanja expone tanto a los trabajadores que se encuentran dentro como a quienes transitan en el área circundante. Sin una delimitación física clara, existe riesgo de caídas accidentales a la excavación, ingreso involuntario de personal no autorizado, impacto de vehículos o vuelco de maquinaria hacia el interior de la zanja. Esta ausencia de control perimetral convierte la excavación en un peligro permanente para todo el centro de trabajo.
Uno de los factores más críticos y recurrentes en los accidentes fatales es cuando no se instala un sistema de protección adecuado, como cajas de entibación, sistemas de apuntalamiento o taludes y escalonamientos correctamente diseñados. Confiar en la “estabilidad natural” del terreno es una práctica peligrosa. Los sistemas de protección no son opcionales: están diseñados para resistir la presión del suelo y proteger a los trabajadores en caso de fallas inesperadas. La ausencia de estos sistemas deja a las personas expuestas directamente al colapso de las paredes de la zanja.
Además del derrumbe, las excavaciones en zanjas presentan otros peligros relevantes. La acumulación de gases peligrosos o la deficiencia de oxígeno puede ocurrir en zanjas profundas, cercanas a drenajes, tuberías de combustible o zonas con materia orgánica en descomposición. La inundación repentina, causada por lluvias, filtraciones subterráneas o ruptura de líneas de agua, puede atrapar a los trabajadores sin posibilidad de escape. A esto se suman riesgos eléctricos por contacto con servicios enterrados, golpes por caída de objetos desde el borde y atropellamientos por equipo móvil que opera en espacios reducidos.
La gestión segura de excavaciones en zanjas debe enfocarse en el potencial de daño, no únicamente en la ausencia de accidentes previos. Un pequeño desprendimiento de tierra, un cuasi accidente o una condición insegura detectada son señales claras de un riesgo mayor. Ignorar estas advertencias y continuar con la operación sin correcciones incrementa de forma exponencial la probabilidad de un evento catastrófico.
La prevención efectiva exige una planeación técnica previa, evaluación del tipo de suelo, control estricto de cargas en el borde, ubicación segura del material excavado, instalación de sistemas de protección certificados, delimitación física del área y provisión de accesos seguros. Estas medidas no son trámites administrativos, sino controles críticos para la supervivencia del personal.
En conclusión, los peligros en excavaciones en zanjas no dependen únicamente de la profundidad, sino de la combinación de prácticas inseguras y ausencia de controles. La operación de cargadoras descargando material en el borde, la acumulación de tierra y equipo cercano, la falta de escaleras, la inexistencia de barreras y la ausencia de sistemas de entibación o taludes adecuados conforman un escenario de alto potencial fatal. Identificar y corregir estas condiciones antes de que un trabajador ingrese a la zanja es una responsabilidad técnica, legal y ética ineludible.
Peligros identificados en la fotografia:
La cargadora frontal está volcando tierra en el borde superior de la zanja mientras los trabajadores están dentro.
Los montones de tierra y el equipo están demasiado cerca del borde de la zanja, lo que aumenta el riesgo de derrumbe.
No hay una escalera ni otro medio fácilmente accesible para que los trabajadores salgan de la zanja.
No hay barreras, barandillas ni señales de advertencia alrededor de la zanja para proteger al personal o al equipo que pasa.
No hay un sistema de protección adecuado - caja de entibación, apuntalamiento, o lados con taludes o escalonamiento adecuados - instalado para evitar el colapso de las paredes de la zanja.