La correcta identificación y clasificación de los líquidos inflamables es un elemento crítico en la prevención de incendios, explosiones y accidentes graves en los centros de trabajo. Con este objetivo, la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional (OSHA) adoptó el Sistema Globalmente Armonizado de Clasificación y Etiquetado de Productos Químicos (GHS), alineando los criterios de peligrosidad química a un estándar internacional que facilita la comunicación del riesgo y la protección del trabajador. Esta armonización no solo busca uniformidad técnica, sino también reducir errores humanos derivados de interpretaciones ambiguas sobre el peligro de las sustancias.
El eje central de esta clasificación es el punto de inflamación (flash point), definido como la temperatura mínima a la cual un líquido desprende vapores suficientes para formar una mezcla inflamable con el aire en presencia de una fuente de ignición. A menor punto de inflamación, mayor es la probabilidad de ignición en condiciones normales de operación, almacenamiento o transporte. Por ello, el GHS establece cuatro categorías de líquidos inflamables, ordenadas de mayor a menor peligrosidad.
La Categoría 1 representa el nivel más alto de riesgo. Incluye líquidos con puntos de inflamación extremadamente bajos y con puntos de ebullición iguales o inferiores a 35 °C. Estas sustancias generan vapores inflamables con facilidad incluso a temperaturas ambientales, lo que implica un riesgo elevado de incendios súbitos y explosiones. Su manejo exige controles estrictos como sistemas de ventilación especializados, equipos eléctricos a prueba de explosión, eliminación total de fuentes de ignición y procedimientos de emergencia claramente establecidos.
La Categoría 2 agrupa líquidos inflamables con puntos de inflamación bajos, pero con puntos de ebullición superiores a 35 °C. Aunque presentan un comportamiento ligeramente menos severo que los de Categoría 1, siguen siendo altamente peligrosos. En ambientes industriales, estos líquidos pueden generar atmósferas inflamables durante operaciones rutinarias como trasvases, mezclas o procesos de calentamiento. Su control requiere medidas preventivas robustas, capacitación específica y una supervisión constante de las condiciones de operación.
La Categoría 3 corresponde a líquidos con puntos de inflamación moderados, generalmente por debajo de los 23 °C y hasta aproximadamente 60 °C. Aunque su ignición es menos inmediata, siguen representando un riesgo significativo, especialmente en climas cálidos o en procesos donde se incrementa la temperatura del producto. Un error común en esta categoría es subestimar el peligro por tratarse de líquidos “menos volátiles”, lo cual puede derivar en incidentes cuando no se respetan las condiciones de almacenamiento o se manipulan cerca de fuentes de calor.
Finalmente, la Categoría 4 incluye líquidos con puntos de inflamación más elevados, generalmente por encima de los 60 °C. Si bien su riesgo de ignición es menor en condiciones normales, no deben considerarse seguros. Bajo determinadas circunstancias —como sobrecalentamiento, atomización o acumulación de vapores en espacios confinados— estos líquidos pueden incendiarse. Su clasificación como inflamables dentro del GHS refuerza el principio preventivo de no minimizar riesgos potenciales solo por una menor probabilidad de ignición.
Un aspecto clave de la clasificación OSHA–GHS es su enfoque en la comunicación del peligro. Cada categoría se refleja directamente en la etiqueta del producto, el pictograma de llama, la palabra de advertencia (“Peligro” o “Atención”), las indicaciones de peligro (frases H) y las medidas de prevención incluidas en la Hoja de Datos de Seguridad (SDS). Este sistema permite que cualquier trabajador, independientemente de su idioma o nivel técnico, identifique rápidamente el riesgo y adopte conductas seguras.
A diferencia de otros esquemas como NFPA 30 o el International Fire Code (IFC), que se enfocan principalmente en criterios de almacenamiento, separación y protección contra incendios, la clasificación OSHA–GHS está diseñada para el uso cotidiano, la capacitación y la toma de decisiones operativas. Ambos sistemas no son excluyentes, sino complementarios: mientras NFPA e IFC definen cómo almacenar y proteger, GHS explica cómo identificar y comunicar el peligro en el día a día.
Comprender esta clasificación no es solo una obligación normativa, sino una herramienta esencial de prevención. La mayoría de los incendios químicos tienen su origen en la falta de reconocimiento del peligro real de una sustancia, en el desconocimiento del punto de inflamación o en la falsa percepción de seguridad por costumbre operativa. La correcta aplicación del sistema OSHA–GHS permite anticipar escenarios de riesgo, seleccionar controles adecuados y fortalecer una cultura de seguridad basada en información clara y estandarizada.
En conclusión, la clasificación de líquidos inflamables según OSHA y el GHS representa un pilar fundamental de la seguridad química moderna. Su correcta interpretación y aplicación contribuyen directamente a reducir incendios, explosiones y exposiciones peligrosas, protegiendo no solo al trabajador, sino también a las instalaciones, el entorno y la continuidad operativa de las organizaciones. En seguridad industrial, identificar el peligro a tiempo sigue siendo la primera y más efectiva barrera de protección.