El Síndrome de Vibración Mano-Brazo (HAVS, por sus siglas en inglés Hand-Arm Vibration Syndrome) es un trastorno profesional causado por la exposición prolongada a vibraciones transmitidas desde herramientas o maquinaria hacia las manos y brazos del trabajador. Se presenta principalmente en actividades que implican el uso frecuente de herramientas vibrátiles como martillos neumáticos, esmeriles, motosierras, taladros, compactadores, pulidoras y equipos de demolición.
Este síndrome es reconocido internacionalmente como una enfermedad ocupacional irreversible en fases avanzadas, con impacto directo en la capacidad laboral, la seguridad operativa y la calidad de vida. En sectores como construcción, minería, metalmecánica, forestal y mantenimiento industrial, representa un riesgo ergonómico y físico de alta relevancia.
Las vibraciones mecánicas producen efectos acumulativos sobre tejidos neurológicos, vasculares y musculoesqueléticos. La energía vibratoria genera microtraumatismos repetitivos que alteran la microcirculación, provocan daño nervioso periférico y afectan articulaciones y músculos.
El proceso patológico se desarrolla a través de tres vías principales:
Daño vascular por vasoespasmo inducido por vibración, generando episodios de reducción del flujo sanguíneo digital.
Daño neurológico por afectación de los nervios periféricos, con pérdida progresiva de sensibilidad y destreza manual.
Daño musculoesquelético derivado de cargas repetitivas, posturas forzadas y transmisión de vibración a tejidos profundos.
La combinación de estos efectos explica la evolución progresiva del síndrome.
El HAVS presenta tres componentes principales que pueden aparecer de forma simultánea o progresiva.
Se caracteriza por episodios de blanqueamiento de los dedos inducidos por frío o estrés, conocidos como fenómeno de Raynaud ocupacional. Los dedos afectados pierden temporalmente la circulación, tornándose pálidos o azulados, seguidos de dolor al recuperar el flujo sanguíneo.
Incluye hormigueo, entumecimiento, pérdida de sensibilidad táctil, disminución de la discriminación térmica y dificultad para manipular objetos pequeños. En fases avanzadas puede afectar la precisión motora fina y aumentar el riesgo de accidentes laborales.
Se manifiesta mediante dolor en manos, muñecas y antebrazos, disminución de fuerza de agarre, rigidez articular y fatiga muscular. Estos síntomas pueden coexistir con trastornos como síndrome del túnel carpiano o tendinitis ocupacional.
El desarrollo del HAVS depende de la interacción de múltiples variables:
Intensidad de vibración de la herramienta
Tiempo diario de exposición
Años acumulados de trabajo vibrátil
Temperatura ambiental fría
Fuerza de agarre aplicada
Posturas estáticas prolongadas
Ausencia de mantenimiento del equipo
Falta de pausas o rotación de tareas
Herramientas con vibraciones superiores a los límites recomendados aceleran significativamente la aparición del síndrome.
En higiene ocupacional, el riesgo por vibraciones se evalúa mediante acelerómetros que miden la magnitud vibratoria en m/s², considerando el tiempo de exposición ponderado. Normativas internacionales como ISO 5349 y directivas europeas establecen valores de acción y límites de exposición para prevenir daños.
La evaluación también incluye vigilancia médica, cuestionarios de síntomas y pruebas de sensibilidad neurológica y vascular.
La prevención del HAVS debe abordarse mediante la jerarquía de control de riesgos.
En ingeniería, se prioriza el uso de herramientas antivibración, mantenimiento preventivo, amortiguadores y rediseño de equipos.
En organización del trabajo, se recomienda rotación de tareas, pausas activas, reducción de tiempos de exposición y control de temperatura ambiental.
En protección personal, se utilizan guantes antivibración certificados, aunque estos solo reducen parcialmente la transmisión vibratoria.
En vigilancia de la salud, se implementan evaluaciones periódicas para detectar síntomas tempranos y retirar al trabajador del riesgo antes de daño irreversible.
El HAVS puede ocasionar incapacidad laboral parcial o permanente, disminución del rendimiento productivo y limitación en actividades cotidianas. En muchos países se reconoce como enfermedad profesional indemnizable, lo que implica costos directos e indirectos para empresas y sistemas de seguridad social.
Además, su presencia aumenta la probabilidad de accidentes, ya que la pérdida de sensibilidad y control manual compromete la seguridad operativa.
El control de vibraciones debe integrarse en los programas de ergonomía, higiene industrial y medicina del trabajo. Identificar tareas con exposición vibratoria, cuantificar niveles y capacitar al personal permite reducir significativamente la incidencia del síndrome.
La educación del trabajador es clave, ya que el reconocimiento temprano de síntomas facilita la intervención preventiva y evita la progresión del daño.