Programa de seguridad basado en visitas preventivas
Diversos análisis indican que alrededor del 21 % de los eventos registrables presentan un potencial real de derivar en lesiones graves o muertes. La implementación de un programa de prevención de lesiones graves y muertes (SIF, por sus siglas en inglés) permite a las organizaciones actuar de manera proactiva para evitar que estos eventos se materialicen. Aunque ningún sistema elimina por completo los incidentes, se ha demostrado que los programas SIF reducen la exposición a eventos de alta severidad, disminuyen los índices de registros y contribuyen a bajar las tasas de tiempo perdido.
A continuación se presentan lineamientos generales para el desarrollo e implementación de un programa de prevención SIF eficaz.
1) Enfoque en el potencial de severidad
Los eventos con potencial de SIF suelen compartir características comunes, como trabajo en alturas, superficies resbaladizas, energías peligrosas y condiciones inseguras del entorno. Cada cuasi incidente debe analizarse no solo por su consecuencia inmediata, sino por su potencial de generar un daño grave o fatal. Cuando se identifica este potencial, la investigación debe profundizarse para corregir condiciones subyacentes antes de que ocurra un accidente mayor.
Este mismo criterio debe aplicarse a accidentes o lesiones menores. Aunque no hayan resultado en un evento grave, es indispensable cuestionar si existía la posibilidad de que evolucionaran hacia una lesión grave o muerte. En esos casos, la investigación debe ser más exhaustiva que en eventos sin potencial de severidad, enfocándose en la eliminación del riesgo de origen.
2) Construcción de confianza con los trabajadores
Muchas condiciones con potencial de SIF existen sin haber provocado accidentes o cuasi accidentes. Por esta razón, resulta fundamental que los responsables de seguridad salgan al campo y dialoguen directamente con los trabajadores. El personal operativo conoce mejor que nadie las condiciones reales de trabajo y suele identificar riesgos que no siempre se reportan por los canales formales.
La interacción directa y la atención a las inquietudes del personal fortalecen la confianza entre trabajadores y responsables de seguridad, lo que incrementa la probabilidad de que los riesgos sean reportados oportunamente. Cuando los trabajadores perciben que sus preocupaciones son atendidas, se sienten respaldados para detener actividades inseguras, reducir el ritmo de trabajo o corregir condiciones peligrosas, evitando que un riesgo latente escale a un incidente grave.
3) Participación activa de la alta dirección
La prevención de lesiones graves y muertes no debe limitarse al ámbito operativo o técnico. La alta dirección tiene un papel determinante en la eficacia de cualquier programa de seguridad. Muchas acciones preventivas —como mejoras de ingeniería, mantenimiento mayor o cambios operativos— requieren decisiones y recursos que solo pueden ser autorizados a nivel directivo.
Sin el respaldo explícito de la alta dirección, los esfuerzos de los profesionales de seguridad suelen quedar limitados. La seguridad debe asumirse como una responsabilidad organizacional compartida, donde la dirección establece prioridades claras, asigna recursos y demuestra con acciones concretas que la protección de la vida y la integridad de las personas es un valor fundamental, no una obligación secundaria.
Publicado por: Dr. Julio C. Benítez Domínguez, febrero 2026