Con base en la Memoria Estadística del IMSS, se analiza la evolución de las Incapacidades Permanentes derivadas de riesgos de trabajo. En términos de la Ley Federal del Trabajo (LFT), la incapacidad permanente parcial es la disminución de facultades o aptitudes para trabajar (Art. 479), mientras que la incapacidad permanente total es la pérdida de facultades que imposibilita desempeñar cualquier trabajo por el resto de la vida (Art. 480). En la estadística del documento, el indicador de Incapacidades Permanentes es un agregado que integra los casos ocasionados por accidentes de trabajo, accidentes en trayecto y enfermedades de trabajo, por lo que funciona como un indicador de severidad y de secuelas del daño laboral.
En el periodo 2006–2024, las Incapacidades Permanentes muestran una tendencia ascendente de largo plazo. El total pasa de 19,327 casos en 2006 a 44,509 en 2024, un aumento absoluto de +25,182 incapacidades, equivalente a +130.3% respecto al inicio del periodo. El mínimo del periodo se observa en 2007 (17,642) y el máximo en 2024 (44,509).
En la composición del total, también hay un cambio estructural:
La parte atribuible a accidentes de trabajo baja en peso relativo de 65.0% (2006) a 56.4% (2024).
Accidentes en trayecto suben de 6.1% (2006) a 17.0% (2024), ganando relevancia de forma sostenida.
Enfermedades de trabajo se mantienen como componente significativo: 28.9% (2006) y 26.7% (2024), con oscilaciones intermedias.
1) Etapa inicial y ajuste (2006–2009)
El total se mueve en el rango de 17,642 a 20,477. En 2006 se registran 19,327; cae a 17,642 en 2007 y luego se recupera a 20,477 en 2009. En esta fase, las incapacidades permanentes están dominadas por accidentes de trabajo (por ejemplo, 12,555 en 2006), con trayecto aún bajo (1,187 en 2006) y enfermedades relevantes (5,585 en 2006).
2) Escalamiento sostenido (2010–2014)
Se observa un salto de nivel: el total sube de 24,459 (2010) a 28,430 (2014). Aquí ya se consolida el aumento del componente trayecto, que pasa de 2,070 (2010) a 3,216 (2014). Las enfermedades de trabajo también sostienen una carga importante (por ejemplo, 6,851 en 2010 y 6,010 en 2014).
3) Consolidación en niveles altos (2015–2019)
El total entra a una meseta alta creciente: 32,650 (2015), 32,216 (2016), 34,270 (2017), 38,209 (2018) y 38,802 (2019). En esta etapa, el peso de trayecto sigue expandiéndose (de 3,676 en 2015 a 5,724 en 2019) y las enfermedades crecen con fuerza, alcanzando 10,208 en 2018.
4) Crecimiento reciente y aceleración final (2020–2024)
El indicador se mantiene alto y acelera: 34,834 (2020), 35,962 (2021), 36,895 (2022), 38,783 (2023) y un salto marcado en 2024: 44,509. Solo de 2023 a 2024 el incremento es de +5,726 (+14.8%). En 2024, los tres componentes alcanzan máximos del bloque:
Accidentes de trabajo: 25,082
Trayecto: 7,552
Enfermedades de trabajo: 11,875
La tendencia ascendente sugiere que, aun con variaciones anuales, el sistema está acumulando más secuelas permanentes a lo largo del tiempo. Dos señales son particularmente relevantes:
Trayecto como motor creciente de incapacidad: pasa de 1,187 (2006) a 7,552 (2024), es decir +536%; y su participación sube de 6.1% a 17.0%. Esto implica que la movilidad laboral se está convirtiendo en un determinante cada vez más importante del daño permanente.
Crecimiento sostenido de las enfermedades de trabajo en incapacidad: suben de 5,585 (2006) a 11,875 (2024) (+112.7%). Dado que el propio documento indica que incluye casos iniciales y reevaluaciones, este comportamiento también es compatible con una mayor captura/seguimiento de secuelas y revaloraciones, además del riesgo en sí.
Con base en los datos del archivo (IMSS), las Incapacidades Permanentes aumentan de 19,327 (2006) a 44,509 (2024) (+130.3%), alcanzando su máximo al cierre del periodo. El crecimiento no solo es cuantitativo: la composición cambia, con un incremento estructural del componente trayecto y una carga persistente de enfermedades de trabajo. A la luz de la LFT (arts. 479 y 480), este indicador sintetiza el impacto más severo del riesgo laboral, por lo que su tendencia ascendente implica una presión creciente en términos de pérdida de capacidad laboral, rehabilitación, dictaminación y costos humanos y productivos.
Publicado por: Dr. Julio C. Benítez Domínguez, febrero 2026
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