Durante las últimas décadas, el cambio climático se ha consolidado como uno de los principales desafíos ambientales, económicos y sociales a escala mundial. Sus consecuencias no se limitan al incremento de la temperatura del planeta o a la modificación de los ecosistemas, sino que también repercuten directamente en las condiciones en las que millones de personas desarrollan sus actividades laborales. Las olas de calor, las precipitaciones intensas, las inundaciones, las tormentas y las modificaciones en la distribución de agentes biológicos están generando escenarios de exposición que requieren nuevas estrategias de prevención.
Tradicionalmente, la gestión de la seguridad y salud en el trabajo (SST) se ha concentrado en identificar los peligros presentes en los centros laborales, evaluar los riesgos asociados con las actividades y establecer controles que permitan prevenir accidentes y enfermedades ocupacionales. Sin embargo, las transformaciones ambientales introducen un elemento adicional: las condiciones de riesgo pueden modificarse progresivamente o experimentar cambios importantes en periodos relativamente cortos, especialmente durante eventos meteorológicos extremos.
En este contexto, la Organización Internacional de Normalización (ISO) publicó en enero de 2026 la ISO/PAS 45007:2026, denominada Occupational health and safety management — Risks arising from climate change and climate change action — Guidance for organizations. Este documento proporciona orientaciones para que las organizaciones identifiquen y gestionen los riesgos laborales relacionados tanto con el cambio climático como con las acciones implementadas para adaptarse a sus efectos o contribuir a su mitigación.
La relevancia de esta publicación radica en reconocer que el cambio climático debe incorporarse a las decisiones relacionadas con la salud ocupacional, la seguridad industrial, la planificación organizacional y la continuidad operativa. Asimismo, introduce una consideración fundamental: las medidas destinadas a proteger el medio ambiente o responder a sus transformaciones también pueden generar nuevos peligros para los trabajadores si no son evaluadas adecuadamente.
La ISO/PAS 45007:2026 es una Especificación Disponible al Público (Publicly Available Specification, PAS) desarrollada por el Comité Técnico ISO/TC 283, responsable de los documentos internacionales relacionados con los sistemas de gestión de seguridad y salud en el trabajo.
Su finalidad consiste en orientar a las organizaciones para reconocer las consecuencias que el cambio climático y las acciones climáticas pueden producir sobre las condiciones laborales, así como establecer mecanismos para prevenir lesiones, enfermedades y otras afectaciones relacionadas con el trabajo.
A diferencia de la ISO 45001:2018, que establece requisitos para un sistema de gestión de SST, la ISO/PAS 45007:2026 tiene carácter orientativo. Por lo tanto, no constituye una norma de requisitos para obtener una certificación independiente, ni reemplaza las obligaciones legales que cada organización debe cumplir en su país.
Su campo de aplicación es amplio, ya que puede utilizarse en organizaciones públicas y privadas, empresas industriales, establecimientos comerciales, instituciones educativas, centros sanitarios y pequeñas o medianas empresas. Tampoco exige que la organización cuente previamente con un sistema de gestión formalmente certificado.
Uno de sus principales aportes es establecer que el cambio climático debe analizarse desde tres perspectivas: los riesgos producidos por las alteraciones climáticas, los riesgos que aparecen durante las acciones de adaptación y los riesgos relacionados con las iniciativas de mitigación.
Esta clasificación permite comprender que la protección de los trabajadores no depende exclusivamente de responder a los fenómenos naturales. También requiere examinar cómo las decisiones adoptadas frente al cambio climático modifican los procesos, las tecnologías, las instalaciones y la organización del trabajo.
La ISO/PAS 45007:2026 guarda una relación importante con la ISO 45001:2018, particularmente con los elementos relacionados con el contexto de la organización, la identificación de peligros, la evaluación de riesgos, la gestión del cambio y la preparación ante emergencias.
En febrero de 2024, la ISO publicó una modificación de la ISO 45001:2018 mediante la Enmienda 1, denominada Climate action changes. Esta actualización incorporó expresamente la necesidad de determinar si el cambio climático constituye una cuestión relevante dentro del contexto de la organización.
También reconoció que las partes interesadas pueden tener requisitos relacionados con este fenómeno, lo que amplía las consideraciones que deben analizarse durante la planificación del sistema de gestión.
La ISO/PAS 45007:2026 desarrolla estas consideraciones y proporciona orientaciones para trasladarlas hacia la gestión práctica de los riesgos laborales.
Por ejemplo, una empresa dedicada a la construcción puede identificar que el incremento de las temperaturas representa una condición externa relevante. Sin embargo, este reconocimiento no será suficiente si no se traduce en evaluaciones de exposición térmica, procedimientos de hidratación, periodos de recuperación, adaptación de jornadas y mecanismos para identificar oportunamente signos de enfermedad relacionada con el calor.
De manera similar, una instalación industrial ubicada en una zona costera podría reconocer el riesgo de inundaciones dentro de su contexto organizacional, pero necesitará evaluar sus posibles consecuencias sobre las instalaciones eléctricas, el almacenamiento de sustancias peligrosas, las rutas de evacuación y la disponibilidad de los servicios de emergencia.
De este modo, la ISO/PAS 45007:2026 permite fortalecer la conexión entre la planificación estratégica y las medidas concretas destinadas a proteger a los trabajadores.
El cambio climático puede modificar peligros tradicionales e introducir nuevas condiciones de exposición. Aunque sus efectos varían entre regiones, sectores productivos y actividades laborales, existen determinados escenarios que merecen especial atención.
Uno de los más relevantes es el aumento de las temperaturas, particularmente en actividades realizadas al aire libre o en instalaciones donde existen fuentes adicionales de calor.
Los trabajadores de la construcción, agricultura, minería, transporte, industria petrolera y mantenimiento industrial pueden enfrentar condiciones ambientales que incrementan la carga térmica sobre el organismo. Cuando el cuerpo no consigue disipar adecuadamente el calor generado por la actividad física y el ambiente, pueden aparecer consecuencias como deshidratación, agotamiento por calor y, en situaciones graves, golpe de calor.
Además de sus efectos fisiológicos, el calor puede perjudicar el desempeño cognitivo y físico, afectando la atención, la capacidad de respuesta y la ejecución segura de determinadas tareas. Esto adquiere especial importancia en operaciones que requieren precisión, vigilancia constante o interacción con maquinaria.
No obstante, el estrés térmico no depende únicamente de la temperatura del aire. La humedad relativa, la radiación térmica, la velocidad del viento, la intensidad del esfuerzo físico y las características de la vestimenta también influyen sobre la exposición.
Por esta razón, los programas preventivos deben basarse en evaluaciones adecuadas de las condiciones térmicas y no solamente en la consulta de pronósticos meteorológicos generales.
Otro escenario corresponde a los fenómenos meteorológicos extremos. Los huracanes, las tormentas, los vientos intensos y las inundaciones pueden ocasionar daños estructurales, interrupciones energéticas y dificultades de acceso a instalaciones industriales.
En determinadas circunstancias, estos fenómenos también pueden afectar los sistemas de protección contra incendios, la disponibilidad de agua, las comunicaciones y los recursos necesarios para responder a una emergencia.
Las empresas que operan con sustancias inflamables, tóxicas o reactivas deben prestar especial atención a estos escenarios, ya que una alteración ambiental puede interactuar con peligros tecnológicos previamente identificados.
La ISO/PAS 45007:2026 también resulta relevante para la higiene industrial, una disciplina encargada de anticipar, reconocer, evaluar y controlar los factores ambientales que pueden afectar la salud de los trabajadores.
Las modificaciones climáticas pueden influir sobre diferentes agentes físicos, químicos y biológicos presentes en los ambientes laborales.
En relación con los agentes físicos, las temperaturas elevadas pueden modificar las condiciones de exposición térmica, mientras que determinados eventos meteorológicos pueden incrementar los riesgos eléctricos, las caídas y otros peligros asociados con la estabilidad de las instalaciones.
En materia de agentes químicos, las condiciones ambientales pueden modificar ciertos escenarios de exposición. Por ejemplo, las temperaturas elevadas pueden incrementar la volatilización de determinadas sustancias y afectar las condiciones de almacenamiento de algunos productos químicos. Sin embargo, estos efectos dependen de las propiedades fisicoquímicas de cada sustancia y de las características del proceso.
Respecto a los agentes biológicos, las variaciones climáticas pueden favorecer modificaciones en la presencia y distribución geográfica de ciertos vectores, microorganismos y reservorios.
Esta situación puede adquirir especial importancia para trabajadores agrícolas, forestales, de saneamiento, mantenimiento de drenajes, manejo de residuos y actividades realizadas en zonas con condiciones favorables para vectores.
Entre las enfermedades que pueden requerir vigilancia, dependiendo del contexto epidemiológico, se encuentran aquellas transmitidas por mosquitos, garrapatas u otros organismos, así como determinadas infecciones relacionadas con el contacto con agua contaminada.
En consecuencia, los programas de salud ocupacional deben incorporar información ambiental y epidemiológica que permita identificar oportunamente modificaciones relevantes en los perfiles de exposición.
Uno de los aspectos más importantes de la ISO/PAS 45007:2026 es el reconocimiento de que las medidas implementadas para adaptarse al cambio climático no necesariamente se encuentran libres de peligros.
La adaptación consiste en modificar actividades, procesos, infraestructura o prácticas organizacionales con el propósito de disminuir las consecuencias negativas de las condiciones climáticas actuales o previstas.
Sin embargo, estas modificaciones pueden transformar los riesgos existentes o generar nuevos escenarios de exposición.
Un ejemplo es la reorganización de las jornadas laborales para evitar las horas de mayor temperatura. Aunque esta medida puede disminuir la exposición al calor, también podría incrementar la realización de trabajos nocturnos, con consecuencias relacionadas con la iluminación, la fatiga, las alteraciones del sueño y la seguridad durante los desplazamientos.
Otro ejemplo es la construcción de barreras contra inundaciones. Estas estructuras pueden mejorar la protección de las instalaciones, pero su construcción puede implicar excavaciones, movimientos de maquinaria pesada, trabajos en altura y manipulación de materiales.
También pueden presentarse riesgos durante la modificación de sistemas de ventilación, la reubicación de instalaciones o la incorporación de nuevas fuentes de abastecimiento de agua.
Desde la perspectiva de la SST, cada una de estas decisiones debe someterse a un proceso de gestión del cambio que permita identificar los peligros antes de ejecutar las modificaciones.
La prevención debe considerar no solamente los riesgos que se pretende reducir, sino también aquellos que podrían surgir como consecuencia de las soluciones implementadas.
La mitigación del cambio climático comprende las acciones destinadas a disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero o aumentar su eliminación de la atmósfera.
En el ámbito industrial, estas iniciativas pueden incluir la incorporación de energías renovables, la electrificación de procesos, el desarrollo de nuevos combustibles y la implementación de tecnologías de captura de carbono.
Aunque estas transformaciones pueden contribuir a los objetivos ambientales, también pueden introducir peligros que requieren conocimientos especializados.
En los sistemas de generación solar fotovoltaica, por ejemplo, las actividades de instalación y mantenimiento pueden implicar riesgos eléctricos, trabajos en altura, manipulación de cargas y exposición a condiciones meteorológicas adversas.
Las instalaciones eólicas pueden presentar riesgos asociados con el acceso a estructuras elevadas, los espacios reducidos, las operaciones de izaje, la exposición al viento y las dificultades para realizar maniobras de rescate.
Por su parte, los sistemas relacionados con hidrógeno requieren medidas específicas de seguridad debido a las características del combustible, sus condiciones de almacenamiento y los escenarios de fuga o ignición.
Asimismo, las tecnologías de captura, utilización y almacenamiento de carbono pueden incorporar procesos químicos, instalaciones presurizadas y escenarios de liberación accidental de sustancias.
En este contexto, las acciones de mitigación no deben considerarse automáticamente seguras por el hecho de perseguir un beneficio ambiental.
La transición hacia tecnologías de menores emisiones debe acompañarse de una transición igualmente rigurosa en materia de prevención de riesgos laborales.
La evaluación tradicional de riesgos suele considerar una relación relativamente directa entre un peligro y sus posibles consecuencias. Sin embargo, los efectos del cambio climático pueden desarrollarse mediante una sucesión de acontecimientos que incrementan progresivamente la exposición o la vulnerabilidad.
La ISO/PAS 45007:2026 incorpora la importancia de las denominadas cadenas de impacto, que permiten comprender cómo un fenómeno climático puede desencadenar consecuencias directas e indirectas.
Por ejemplo, un periodo de precipitaciones intensas puede producir inundaciones, afectar el sistema de drenaje, favorecer la acumulación de agua y generar condiciones propicias para determinados agentes biológicos. En consecuencia, trabajadores que inicialmente no estaban expuestos a ese peligro podrían enfrentar nuevas condiciones sanitarias.
También puede considerarse una instalación industrial que experimenta una interrupción del suministro eléctrico durante una tormenta. Si esta situación afecta la ventilación, el enfriamiento de equipos o los sistemas auxiliares de seguridad, pueden aparecer consecuencias diferentes a las previstas para una falla eléctrica convencional.
Estos escenarios demuestran que los riesgos climáticos pueden interactuar con elementos operacionales, tecnológicos y organizacionales.
La evaluación debe considerar tanto los acontecimientos individuales como sus posibles interdependencias, especialmente en instalaciones donde una falla puede desencadenar otras situaciones peligrosas.
Este enfoque favorece una gestión preventiva más integral y permite identificar medidas de control que actúan sobre diferentes etapas de una secuencia de riesgo.
La resiliencia puede entenderse como la capacidad de una organización para prepararse, responder y adaptarse ante condiciones adversas, manteniendo o recuperando sus funciones esenciales.
En materia de SST, esta capacidad implica proteger a los trabajadores incluso cuando las condiciones normales de operación se encuentran alteradas.
Una organización resiliente debe evaluar, por ejemplo, qué ocurriría si una inundación impidiera el acceso de las brigadas de emergencia, si una tormenta afectara simultáneamente las comunicaciones o si una ola de calor ocasionara una demanda extraordinaria de servicios médicos.
La disponibilidad de infraestructura comunitaria también adquiere importancia. Las empresas dependen de carreteras, suministro de agua, electricidad, transporte, centros de salud y servicios de emergencia que pueden verse afectados por fenómenos climáticos.
En determinadas situaciones, una organización podría mantener sus instalaciones aparentemente operativas, pero no disponer de los servicios externos indispensables para garantizar condiciones adecuadas de seguridad.
Por esta razón, la planificación de continuidad operativa debe contemplar criterios para suspender, mantener o reanudar actividades según los riesgos presentes.
La continuidad del negocio no puede plantearse como un objetivo que justifique exponer a los trabajadores a condiciones inaceptables.
La recuperación después de un evento meteorológico también representa una etapa crítica, debido a que las instalaciones pueden presentar daños estructurales, equipos eléctricos comprometidos, contaminación del agua y otros peligros que requieren una evaluación antes del retorno a las actividades.
La gestión de los riesgos climáticos requiere una participación activa de la alta dirección y de las personas involucradas en las operaciones.
Los trabajadores poseen conocimientos derivados de su experiencia cotidiana que pueden resultar fundamentales para identificar cambios en las condiciones ambientales, dificultades operacionales o deficiencias en los controles establecidos.
Por ejemplo, el personal que desarrolla actividades a la intemperie puede reconocer periodos de mayor exposición térmica, mientras que los equipos de mantenimiento pueden identificar alteraciones en el funcionamiento de maquinaria durante condiciones ambientales extremas.
La participación permite incorporar estas observaciones a la evaluación de riesgos y mejorar las decisiones preventivas.
La alta dirección, por su parte, tiene la responsabilidad de proporcionar recursos, establecer prioridades, promover la consulta y garantizar que las medidas definidas se implementen efectivamente.
No sería suficiente desarrollar una política institucional de adaptación climática si los trabajadores carecen de agua potable, medios de protección, capacitación o procedimientos para responder a condiciones peligrosas.
El compromiso organizacional debe reflejarse en decisiones concretas, particularmente cuando resulta necesario modificar actividades, realizar inversiones o suspender trabajos para proteger la salud y seguridad del personal.
La exposición a los riesgos climáticos no afecta de manera uniforme a todos los trabajadores.
Las diferencias pueden relacionarse con la naturaleza de las actividades, las condiciones ambientales, la intensidad del esfuerzo físico, la disponibilidad de protección y determinadas características individuales.
Un trabajador que desarrolla actividades físicas intensas bajo radiación solar puede enfrentar condiciones diferentes a las de otro que realiza tareas administrativas. Sin embargo, ambos podrían experimentar riesgos si las instalaciones pierden sus sistemas de ventilación o enfriamiento durante un evento extremo.
Asimismo, ciertas condiciones de salud pueden incrementar la susceptibilidad a determinados factores ambientales, lo que requiere evaluar las necesidades individuales de protección.
La ISO/PAS 45007:2026 destaca la importancia de considerar a los trabajadores especialmente vulnerables y reconocer que dicha vulnerabilidad puede variar según el tiempo, el lugar y las circunstancias.
Esto significa que la evaluación debe evitar clasificaciones rígidas y considerar las características específicas del entorno laboral.
Las medidas de protección deben establecerse a partir de criterios técnicos, respetando la dignidad, la privacidad y los derechos de los trabajadores.
Los sistemas de alerta temprana constituyen una herramienta importante para anticipar determinados fenómenos meteorológicos y establecer acciones preventivas antes de que se produzcan sus consecuencias.
La ISO/PAS 45007:2026 reconoce su utilidad dentro de la planificación y respuesta a emergencias.
Estos sistemas pueden proporcionar información sobre tormentas, inundaciones, olas de calor y otros acontecimientos que requieren decisiones oportunas.
No obstante, recibir una alerta meteorológica no garantiza por sí mismo la protección de los trabajadores.
La organización necesita establecer procedimientos que indiquen qué acciones deben realizarse, quién tiene autoridad para suspender actividades y cómo debe comunicarse la información a las personas expuestas.
Por ejemplo, una empresa que realiza trabajos en estructuras elevadas puede necesitar criterios específicos para interrumpir actividades ante condiciones de viento, descargas atmosféricas o tormentas.
De manera similar, una instalación costera debe disponer de procedimientos para preparar equipos, asegurar materiales, proteger sustancias peligrosas y evacuar personal cuando las condiciones lo requieran.
La eficacia de estas medidas depende de la capacitación, la coordinación entre responsables y la disponibilidad de recursos.
También es importante que las alertas se transmitan por medios accesibles y comprensibles para todos los trabajadores, incluidos contratistas, visitantes y personal que desarrolla actividades en ubicaciones remotas.
El sector petrolero y petroquímico presenta características que hacen especialmente relevante la integración de riesgos climáticos en sus sistemas de seguridad y salud ocupacional.
Las operaciones de exploración, perforación, producción, transporte, almacenamiento, refinación y procesamiento de hidrocarburos pueden desarrollarse en ambientes con elevadas temperaturas, humedad, tormentas, precipitaciones intensas y exposición a otros fenómenos naturales.
En las actividades de exploración y producción, especialmente en instalaciones terrestres remotas o plataformas costa afuera, los cambios meteorológicos pueden afectar el traslado del personal, las operaciones de izaje, el mantenimiento y la capacidad de respuesta ante emergencias.
En las operaciones de transporte y almacenamiento, las inundaciones y los fenómenos meteorológicos pueden comprometer accesos, sistemas auxiliares e infraestructura crítica.
En refinerías y complejos petroquímicos, la interacción entre condiciones climáticas extremas y procesos que involucran sustancias peligrosas requiere una evaluación particularmente rigurosa.
Un concepto relevante para este tipo de instalaciones es el riesgo Natech, relacionado con accidentes tecnológicos desencadenados por peligros naturales.
Por ejemplo, una inundación podría afectar instalaciones eléctricas y sistemas auxiliares, mientras que una tormenta intensa podría dificultar la operación de equipos de emergencia o el acceso de personal especializado.
La ISO/PAS 45007:2026 no sustituye los estudios especializados de seguridad de procesos, pero puede complementar su gestión mediante la consideración de escenarios climáticos y sus consecuencias para los trabajadores.
Además, la transición energética introduce nuevas actividades y tecnologías, como instalaciones de generación renovable, sistemas de captura de carbono e iniciativas relacionadas con combustibles alternativos.
Estas transformaciones requieren actualizar los perfiles de riesgo, fortalecer la capacitación y desarrollar procedimientos acordes con las características de los nuevos procesos.
La incorporación del cambio climático en la SST requiere fortalecer las competencias de los profesionales responsables de la prevención.
Tradicionalmente, los programas de capacitación se han concentrado en peligros mecánicos, eléctricos, químicos, físicos, biológicos y ergonómicos, así como en procedimientos de emergencia y seguridad operacional.
La ISO/PAS 45007:2026 plantea la necesidad de ampliar esta formación para comprender las relaciones entre fenómenos climáticos, condiciones de trabajo y riesgos ocupacionales.
Los profesionales de SST deben desarrollar capacidades para interpretar información meteorológica, reconocer vulnerabilidades, analizar riesgos indirectos y evaluar las consecuencias de nuevas tecnologías.
Asimismo, los supervisores necesitan comprender cómo determinadas condiciones ambientales pueden modificar la ejecución segura de las tareas, mientras que los trabajadores deben conocer los peligros específicos de sus actividades y las acciones necesarias para protegerse.
La formación debe adaptarse al contexto de cada organización, evitando utilizar programas genéricos que no correspondan con los riesgos reales de los puestos de trabajo.
También resulta importante verificar que la capacitación produzca cambios efectivos en los conocimientos, las conductas preventivas y la aplicación de procedimientos.
La capacitación sobre riesgos climáticos debe convertirse en una herramienta para la toma de decisiones y no limitarse a la difusión de información ambiental.
En México, la incorporación de consideraciones climáticas en la gestión de SST resulta particularmente relevante debido a la diversidad de condiciones ambientales y actividades económicas presentes en el territorio nacional.
Los centros laborales pueden enfrentar escenarios muy diferentes según su ubicación geográfica, la naturaleza de sus procesos y las características de sus instalaciones.
En determinadas regiones, las temperaturas elevadas representan un factor importante de exposición ocupacional. En otras, las lluvias intensas, los ciclones tropicales, las inundaciones o las sequías pueden condicionar el desarrollo seguro de las actividades.
Las empresas deben evaluar estos fenómenos considerando sus características particulares y las obligaciones que establece el marco jurídico nacional.
En este contexto, la NOM-030-STPS-2009, relativa a los servicios preventivos de seguridad y salud en el trabajo, proporciona una referencia para organizar actividades preventivas y desarrollar diagnósticos de las condiciones de seguridad y salud.
La NOM-015-STPS-2001, relacionada con las condiciones térmicas elevadas o abatidas, también resulta relevante cuando existen exposiciones ocupacionales a ambientes térmicos extremos.
Asimismo, la NOM-002-STPS-2010, referente a la prevención y protección contra incendios, y otras disposiciones aplicables pueden adquirir importancia según las características de los procesos y los escenarios de emergencia identificados.
Es necesario precisar que la ISO/PAS 45007:2026 no sustituye estas disposiciones ni modifica por sí misma las obligaciones legales mexicanas.
Su utilidad radica en ofrecer un enfoque complementario para identificar riesgos emergentes y fortalecer la planificación preventiva conforme a las características de cada organización.
Para las empresas que ya disponen de sistemas de gestión basados en ISO 45001, la especificación representa una oportunidad para revisar el análisis del contexto, las matrices de riesgos, los procedimientos de gestión del cambio y los programas de preparación ante emergencias.
Uno de los principales desafíos consiste en convertir la información climática disponible en criterios útiles para gestionar los riesgos de cada centro laboral.
Los pronósticos meteorológicos y los escenarios climáticos ofrecen información valiosa, pero deben interpretarse considerando las características de las actividades, las condiciones de exposición y la vulnerabilidad de los trabajadores.
Otro desafío corresponde a la incertidumbre. Los fenómenos climáticos no siempre pueden predecirse con exactitud en cuanto a su magnitud, duración o localización, por lo que las organizaciones deben desarrollar mecanismos de preparación que contemplen diferentes escenarios.
Las limitaciones económicas y tecnológicas también pueden dificultar la implementación de medidas, especialmente en pequeñas empresas que carecen de personal especializado o recursos suficientes.
Sin embargo, la gestión preventiva puede comenzar mediante acciones proporcionales al tamaño y complejidad de la organización, como actualizar la identificación de peligros, mejorar los mecanismos de comunicación, revisar los planes de emergencia y fortalecer la capacitación.
Un desafío adicional consiste en evitar que las estrategias ambientales se desarrollen de manera independiente de los sistemas de SST.
Cuando los proyectos de sostenibilidad, modernización tecnológica o adaptación climática se diseñan sin participación de los responsables de seguridad y salud, pueden omitirse peligros importantes durante su planificación.
Por ello, la integración entre las áreas de medio ambiente, seguridad industrial, salud ocupacional, ingeniería, mantenimiento y recursos humanos constituye una condición favorable para una gestión más eficaz.
La ISO/PAS 45007:2026 invita a reconsiderar la relación entre sostenibilidad ambiental y protección de los trabajadores.
Durante muchos años, ambos campos han evolucionado mediante sistemas, indicadores y objetivos relativamente independientes. Sin embargo, las transformaciones climáticas demuestran que las decisiones ambientales pueden influir directamente en los riesgos laborales y que las condiciones de trabajo pueden afectar la capacidad de las organizaciones para adaptarse.
La prevención moderna requiere reconocer estas interdependencias y desarrollar soluciones que consideren simultáneamente la seguridad, la salud, el ambiente y la continuidad de las operaciones.
Una cultura preventiva orientada hacia la resiliencia climática debe promover la identificación anticipada de peligros, la participación de los trabajadores, el aprendizaje de incidentes y la evaluación constante de las medidas implementadas.
También debe reconocer que los riesgos evolucionan y que las evaluaciones realizadas bajo determinadas condiciones ambientales pueden perder vigencia cuando cambian las circunstancias.
Esto implica abandonar la idea de que una matriz de riesgos es suficiente por el simple hecho de encontrarse documentada y actualizada administrativamente.
La verdadera eficacia preventiva depende de que los análisis reflejen las condiciones reales de trabajo y permitan adoptar decisiones oportunas.