La generación de residuos peligrosos en México durante el periodo 2004 a 2025 permite observar dos dimensiones fundamentales del problema: por un lado, la concentración territorial de la generación en ciertas entidades federativas y zonas metropolitanas; por otro, la concentración sectorial en actividades industriales específicas. Al analizar ambos enfoques de manera conjunta, se obtiene una lectura más completa sobre dónde se generan los residuos peligrosos, qué actividades económicas participan con mayor peso y por qué la gestión ambiental debe abordarse desde una perspectiva técnica, preventiva y de cumplimiento normativo.
De acuerdo con los datos proporcionados, los estados y zonas que reportan la mayor generación de residuos peligrosos en el país son Nuevo León y la Zona Metropolitana del Valle de México, que en conjunto concentran el 57.57% del total nacional. Al sumar la generación correspondiente a Chihuahua, Campeche, Tamaulipas y Tabasco, el porcentaje acumulado asciende a 77.94%. Esto significa que más de tres cuartas partes de los residuos peligrosos reportados durante el periodo 2004-2025 se concentran en un grupo reducido de entidades y regiones con fuerte actividad industrial, energética, urbana, manufacturera, logística y de servicios especializados.
La información por sectores complementa esta lectura territorial. Los datos muestran que la generación de residuos peligrosos está fuertemente asociada con actividades productivas de alto consumo de materias primas, sustancias químicas, combustibles, solventes, aceites, metales, pinturas, materiales compuestos, hidrocarburos, componentes electrónicos y procesos de transformación industrial. Por ello, no basta con conocer qué entidades generan más residuos peligrosos; también es necesario identificar qué sectores económicos aportan los mayores volúmenes y qué riesgos se derivan de sus procesos.
Durante el periodo 2004 a 2025, la generación de residuos peligrosos reportada por empresas registradas muestra una clara concentración en los sectores automotriz, artículos y productos de diferentes materiales, química, metalúrgica, petróleo y petroquímica, equipos y artículos electrónicos, y artículos y productos metálicos. Estos siete sectores acumulan 80.61% de la generación reportada, lo que evidencia que la mayor presión ambiental proviene de actividades industriales intensivas en transformación, manufactura, mantenimiento, uso de sustancias químicas y manejo de materiales peligrosos.
La suma de generación de estos siete sectores alcanza aproximadamente 1,804,917 toneladas, distribuidas de la siguiente manera: el sector automotriz reporta 434,121 toneladas, equivalente al 19.39%; artículos y productos de diferentes materiales, 409,317 toneladas, con 18.28%; química, 322,261 toneladas, con 14.39%; metalúrgica, 292,759 toneladas, con 13.08%; petróleo y petroquímica, 161,709 toneladas, con 7.22%; equipos y artículos electrónicos, 97,925 toneladas, con 4.37%; y artículos y productos metálicos, 86,825 toneladas, con 3.88%.
Estos datos permiten identificar que la generación de residuos peligrosos no está distribuida de forma homogénea entre todos los sectores económicos. Por el contrario, se concentra en actividades industriales que, por su propia naturaleza, emplean sustancias, materiales y procesos con potencial de generar residuos con características de peligrosidad, como inflamabilidad, toxicidad, corrosividad, reactividad, explosividad o presencia de componentes contaminantes.
El sector automotriz ocupa el primer lugar en generación de residuos peligrosos, con 434,121 toneladas, equivalentes al 19.39% del total reportado. Esta posición se explica por la complejidad de sus procesos productivos y de mantenimiento. La industria automotriz involucra operaciones de ensamble, pintura, tratamiento de superficies, limpieza de piezas, uso de solventes, adhesivos, aceites, lubricantes, grasas, baterías, metales, plásticos, resinas y productos químicos auxiliares.
Entre los residuos peligrosos que pueden generarse en este sector se encuentran solventes contaminados, lodos de pintura, trapos impregnados, filtros usados, envases contaminados, aceites lubricantes usados, residuos de cabinas de pintura, adhesivos caducados, materiales absorbentes contaminados, residuos de tratamiento superficial y residuos derivados de mantenimiento de maquinaria. También pueden generarse residuos por actividades auxiliares como talleres, almacenes, laboratorios de calidad, áreas de pruebas, mantenimiento de montacargas, compresores y equipos hidráulicos.
La relevancia del sector automotriz se vincula también con su presencia en corredores industriales del norte, centro y bajío del país. Esta industria suele establecerse en zonas con alta infraestructura logística, parques industriales, proveedores especializados y cadenas de suministro. Por ello, su impacto no se limita únicamente a las plantas ensambladoras, sino también a proveedores de autopartes, procesos metalmecánicos, pintura, plásticos, componentes electrónicos y servicios industriales asociados.
El segundo sector con mayor generación corresponde a artículos y productos de diferentes materiales, con 409,317 toneladas, equivalentes al 18.28%. Esta categoría es amplia y puede incluir procesos de transformación, fabricación, mezcla, acabado, tratamiento, ensamblaje o procesamiento de materiales diversos. Su importancia radica en que agrupa actividades que pueden involucrar polímeros, compuestos, recubrimientos, adhesivos, materiales impregnados, resinas, solventes, pigmentos, aditivos y sustancias auxiliares.
La generación de residuos peligrosos en este sector puede derivarse de excedentes de producción, productos fuera de especificación, envases contaminados, residuos de limpieza, lodos, materiales impregnados, restos de sustancias químicas, solventes usados o mezclas contaminadas. Por tratarse de una categoría diversa, la identificación correcta del residuo es especialmente importante, ya que no todos los residuos derivados de materiales mixtos son peligrosos, pero aquellos que contienen sustancias tóxicas, inflamables, corrosivas o reactivas deben clasificarse y manejarse bajo criterios específicos.
El peso porcentual de este sector también muestra la necesidad de que las empresas cuenten con controles internos para separar residuos desde su origen. Cuando se mezclan residuos peligrosos con residuos no peligrosos, se incrementa el volumen a manejar como peligroso, se elevan los costos y se dificulta la trazabilidad. Por ello, la segregación, el etiquetado y la capacitación del personal operativo son elementos esenciales para reducir riesgos y costos ambientales.
El sector químico ocupa el tercer lugar, con 322,261 toneladas, equivalentes al 14.39% del total reportado. Su participación resulta esperada, debido a que esta industria utiliza, transforma, formula, almacena y distribuye sustancias químicas que pueden generar residuos con distintas características de peligrosidad. Los residuos pueden incluir solventes, reactivos caducados, productos fuera de especificación, lodos de proceso, aguas contaminadas, envases con remanentes, residuos de laboratorio, catalizadores agotados, ácidos, bases, sales, sustancias tóxicas y materiales contaminados.
La industria química requiere una gestión particularmente rigurosa porque los residuos pueden presentar incompatibilidades entre sí. Un residuo ácido no debe mezclarse con una base sin control técnico; un oxidante puede reaccionar con materiales orgánicos; un solvente inflamable puede generar atmósferas peligrosas; y algunos compuestos pueden liberar gases tóxicos en contacto con agua, calor o sustancias incompatibles. Por ello, la clasificación, compatibilidad química, ventilación, control de fuentes de ignición y respuesta a emergencias son aspectos centrales.
Además, este sector suele requerir personal con mayor formación técnica para interpretar hojas de datos de seguridad, identificar peligros, aplicar criterios de almacenamiento y coordinar la disposición de residuos mediante empresas autorizadas. La gestión documental también es crítica: bitácoras, manifiestos, registros de generación, inventarios, procedimientos y evidencia de disposición final permiten demostrar cumplimiento y reducir responsabilidad ambiental.
El sector metalúrgico reporta 292,759 toneladas, equivalentes al 13.08%. La metalurgia puede generar residuos peligrosos derivados de fundición, tratamientos térmicos, procesos de galvanizado, decapado, limpieza química, uso de ácidos, escorias contaminadas, lodos con metales, aceites, emulsiones, polvos, filtros, materiales impregnados y residuos de mantenimiento.
Uno de los riesgos más relevantes en este sector es la presencia de metales pesados o compuestos metálicos con toxicidad ambiental y ocupacional. Dependiendo del proceso, pueden generarse residuos con contenido de plomo, cromo, níquel, cadmio, zinc, cobre u otros metales que requieren evaluación específica. También pueden presentarse residuos corrosivos por el uso de ácidos o álcalis en tratamientos superficiales.
La gestión adecuada en el sector metalúrgico debe incluir controles en la generación de lodos, almacenamiento seguro, separación de residuos compatibles, prevención de derrames, protección respiratoria cuando existan polvos peligrosos y manejo seguro de sustancias utilizadas en limpieza, tratamiento y acabado de piezas metálicas. La valorización o recuperación de metales puede ser una alternativa viable en ciertos casos, siempre que se realice mediante procesos autorizados y bajo criterios técnicos.
El sector petróleo y petroquímica reporta 161,709 toneladas, equivalentes al 7.22%. Aunque su porcentaje es menor que el de los sectores automotriz, químico o metalúrgico, su importancia ambiental es considerable debido al tipo de residuos que puede generar. En este sector pueden encontrarse residuos con hidrocarburos, lodos aceitosos, materiales impregnados, filtros, catalizadores agotados, envases contaminados, aceites usados, residuos de mantenimiento, suelos contaminados, residuos de limpieza de tanques y sustancias químicas utilizadas en procesos o servicios auxiliares.
La participación de entidades como Campeche, Tabasco y Tamaulipas dentro del bloque territorial de mayor generación se relaciona, en parte, con la presencia de actividades energéticas, petroleras, portuarias, logísticas y de servicios industriales especializados. Estas entidades tienen relevancia estratégica por su vinculación con hidrocarburos, mantenimiento de infraestructura, transporte, almacenamiento, servicios costa afuera o actividades asociadas al sector energético.
El manejo inadecuado de residuos derivados de hidrocarburos puede generar impactos al suelo, cuerpos de agua, drenajes, flora, fauna y comunidades cercanas. Además, algunos residuos presentan inflamabilidad, toxicidad o persistencia ambiental. Por ello, las empresas del sector deben fortalecer sus controles de contención secundaria, almacenamiento temporal, respuesta a derrames, capacitación y trazabilidad documental.
El sector de equipos y artículos electrónicos reporta 97,925 toneladas, equivalentes al 4.37%. Aunque su porcentaje es menor que el de los principales sectores industriales, su relevancia ha aumentado por el crecimiento de la manufactura electrónica, el consumo de dispositivos, la sustitución tecnológica y la generación de residuos asociados a componentes eléctricos y electrónicos.
Este sector puede generar residuos como tarjetas electrónicas, componentes contaminados, solventes de limpieza, soldaduras, metales, baterías, cables, plásticos con retardantes de flama, envases contaminados, residuos de mantenimiento, químicos usados en procesos de ensamble y materiales fuera de especificación. Algunos residuos electrónicos pueden contener metales o sustancias que requieren manejo especial por su potencial tóxico o contaminante.
El reto en este sector no solo está en la generación industrial, sino también en la gestión posterior de equipos fuera de uso. La separación adecuada, recuperación de materiales, reciclaje autorizado y prevención de disposición informal son aspectos clave para evitar contaminación ambiental y exposición de trabajadores en actividades de desensamble o recuperación no controlada.
El sector de artículos y productos metálicos reporta 86,825 toneladas, equivalentes al 3.88%. Este sector puede incluir fabricación, transformación, corte, soldadura, recubrimiento, limpieza, acabado, ensamble y mantenimiento de productos metálicos. Los residuos peligrosos pueden derivarse de aceites de corte, emulsiones, solventes, pinturas, envases contaminados, trapos impregnados, filtros, lodos de proceso, residuos de galvanizado, polvos metálicos y materiales contaminados.
Aunque este sector ocupa el séptimo lugar entre los principales generadores, su presencia suele estar muy extendida en talleres, pequeñas y medianas industrias, proveedores de manufactura, empresas de mantenimiento y centros de producción. Esto implica que una parte importante del riesgo puede encontrarse en establecimientos medianos o pequeños, donde la capacidad técnica para clasificar y documentar residuos puede ser limitada.
La capacitación del personal es esencial para evitar prácticas comunes de riesgo, como mezclar aceites con solventes, desechar envases contaminados como residuos comunes, almacenar trapos impregnados en recipientes abiertos o no identificar residuos provenientes de pinturas y recubrimientos.
Además de los siete sectores principales, la tabla completa muestra otros sectores con participación menor pero ambientalmente relevante. El sector alimenticio reporta 85,162 toneladas, equivalente al 3.80%. Aunque comúnmente se asocia con residuos orgánicos o no peligrosos, algunas actividades alimentarias pueden generar residuos peligrosos por uso de sustancias químicas de limpieza, lubricantes, combustibles, reactivos de laboratorio, envases contaminados, plaguicidas, desinfectantes concentrados o residuos de mantenimiento.
El sector de pinturas y tintas reporta 64,318 toneladas, equivalente al 2.87%. Este sector tiene alta relevancia por el uso de solventes, pigmentos, resinas, aditivos, catalizadores, envases contaminados, lodos de pintura y materiales impregnados. Muchos de estos residuos pueden presentar inflamabilidad, toxicidad o contaminación por compuestos orgánicos volátiles.
El sector de cemento y cal reporta 49,628 toneladas, con 2.22%. Aunque algunos residuos de esta industria pueden no ser peligrosos, pueden existir residuos derivados de mantenimiento, aceites usados, combustibles, aditivos, polvos contaminados, materiales impregnados y sustancias químicas auxiliares. En ciertas circunstancias, la industria cementera también puede participar en esquemas de coprocesamiento de residuos, lo cual exige controles técnicos y autorizaciones específicas.
El sector construcción reporta 46,126 toneladas, equivalente al 2.06%. En este caso, los residuos peligrosos pueden provenir de pinturas, solventes, adhesivos, impermeabilizantes, aceites, combustibles, envases contaminados, materiales con asbesto, residuos de demolición contaminados, suelos impactados o sustancias químicas utilizadas en obra. La construcción suele presentar retos particulares porque la generación puede ser temporal, dispersa y vinculada a contratistas.
La tabla incluye sectores con porcentajes menores, pero que no deben subestimarse. Artículos y productos de plástico reporta 39,371 toneladas, equivalente al 1.76%; siderúrgica, 31,488 toneladas, con 1.41%; energía eléctrica, 24,673 toneladas, con 1.10%; y prendas y artículos de vestir, 17,413 toneladas, con 0.78%.
En el sector plástico pueden presentarse residuos asociados a resinas, pigmentos, solventes, aditivos, envases contaminados y productos fuera de especificación. En siderurgia, los riesgos pueden estar relacionados con escorias, polvos, aceites, metales, refractarios y materiales contaminados. En energía eléctrica, los residuos pueden incluir aceites dieléctricos, materiales impregnados, equipos contaminados, baterías, solventes y residuos de mantenimiento. En prendas y artículos de vestir, los residuos pueden relacionarse con tintes, solventes, adhesivos, químicos textiles, lodos o envases contaminados.
Otros sectores incluidos son celulosa y papel con 14,502 toneladas y 0.65%; vidrio, con 12,316 toneladas y 0.55%; textil, con 11,202 toneladas y 0.50%; exploraciones y explotaciones mineras, con 9,630 toneladas y 0.43%; minero, con 7,233 toneladas y 0.32%; y comunicaciones, con 7,158 toneladas y 0.32%.
Aunque los porcentajes parecen bajos, estos sectores pueden generar residuos de alta peligrosidad dependiendo de la naturaleza del proceso. En minería, por ejemplo, el riesgo puede relacionarse con metales, reactivos, aceites, lodos, materiales contaminados y residuos de mantenimiento. En comunicaciones, puede haber baterías, equipos eléctricos, cables, componentes electrónicos y residuos de mantenimiento.
También se reportan sectores como madera y productos, con 6,427 toneladas y 0.29%; marítimo, con 2,671 toneladas y 0.12%; agrícola, con 2,131 toneladas y 0.10%; congelación, hielo y productos, con 963 toneladas y 0.04%; explotación de bancos de materiales, con 761 toneladas y 0.03%; acuacultura, con 470 toneladas y 0.02%; forestal, con 230 toneladas y 0.01%; asbesto, con 227 toneladas y 0.01%; y vida silvestre, con 46 toneladas y 0.00%.
En sectores como agrícola, marítimo, acuacultura o forestal, los volúmenes pueden ser menores, pero pueden existir residuos como aceites usados, envases de agroquímicos, combustibles, materiales impregnados, productos químicos caducados, residuos de mantenimiento, baterías o residuos contaminados. En el caso del asbesto, aunque el volumen reportado sea bajo, el riesgo sanitario es muy alto por su relación con enfermedades respiratorias graves cuando las fibras son liberadas e inhaladas.
La concentración territorial y sectorial permite explicar por qué ciertas entidades federativas destacan en la generación de residuos peligrosos. Nuevo León, por ejemplo, tiene una fuerte presencia industrial, metalmecánica, automotriz, manufacturera, química y de transformación. Por ello, su participación junto con la ZMVM en el 57.57% nacional se relaciona con el peso de sectores como automotriz, metalúrgico, químico y productos metálicos.
La Zona Metropolitana del Valle de México concentra una enorme cantidad de establecimientos económicos, industriales, hospitalarios, comerciales, laboratoriales, logísticos y de servicios. Su alta densidad urbana y empresarial favorece una gran cantidad de registros de generadores. De acuerdo con los datos previamente integrados, la ZMVM cuenta con 25,990 registros de generadores de residuos peligrosos, cifra muy superior a las demás entidades mencionadas. Esto no solo refleja actividad industrial, sino también la suma de múltiples fuentes generadoras pequeñas, medianas y grandes.
Chihuahua, con 7,181 registros de generadores, se vincula con actividades manufactureras, maquila, automotriz, electrónica, metalmecánica y transformación industrial. Su presencia dentro del bloque de mayor generación puede relacionarse con sectores como automotriz, electrónicos, productos metálicos y artículos de diferentes materiales.
Tamaulipas, con 3,258 registros, y Tabasco, con 3,894 registros, tienen relevancia por actividades energéticas, petroleras, petroquímicas, portuarias, industriales, logísticas y de servicios especializados. Campeche, con 2,042 registros, también se relaciona con actividades energéticas y petroleras, además de servicios vinculados a operaciones industriales. La presencia de Campeche, Tabasco y Tamaulipas dentro de las entidades con mayor generación se puede conectar principalmente con el sector petróleo y petroquímica, así como con actividades auxiliares de mantenimiento, transporte, almacenamiento, manejo de combustibles y servicios industriales.
Esta lectura conjunta muestra que los residuos peligrosos no son un fenómeno aislado de una sola industria ni de una sola región. Más bien, son el resultado de la interacción entre sectores productivos intensivos y territorios donde se concentran cadenas industriales, infraestructura logística, actividad urbana y servicios especializados.
Un punto clave es diferenciar entre el número de registros de generadores y la cantidad de residuos peligrosos generados. La ZMVM tiene el mayor número de registros, con 25,990, mientras que Chihuahua registra 7,181, Nuevo León 5,960, Tabasco 3,894, Tamaulipas 3,258 y Campeche 2,042. Sin embargo, un mayor número de registros no siempre significa mayor volumen generado por cada establecimiento.
Una entidad puede tener muchos pequeños generadores que, en conjunto, producen un volumen importante. Otra entidad puede tener menos empresas registradas, pero con actividades de mayor escala que generan grandes cantidades de residuos peligrosos. Por ejemplo, una planta industrial, petroquímica, metalúrgica o automotriz puede generar más residuos que decenas de pequeños talleres o laboratorios. Por eso, la evaluación ambiental debe considerar tanto la cantidad de generadores como el volumen generado y el tipo de residuo.
Esta diferencia es importante para diseñar estrategias de control. Donde hay muchos generadores pequeños, se requiere capacitación, simplificación administrativa, regularización, supervisión y acceso a servicios autorizados de recolección. Donde hay grandes generadores, se requieren sistemas robustos de gestión, auditorías internas, planes de manejo, infraestructura especializada, monitoreo documental, análisis de riesgos y respuesta a emergencias.
La generación de residuos peligrosos tiene implicaciones directas para el ambiente, la salud ocupacional y la seguridad industrial. Un residuo peligroso mal identificado o mal almacenado puede provocar incendios, explosiones, intoxicaciones, quemaduras químicas, contaminación de suelo, afectación de cuerpos de agua, emisiones peligrosas, exposición dérmica, inhalación de vapores o contacto con sustancias tóxicas.
En sectores como automotriz, química, metalúrgica y petróleo-petroquímica, los trabajadores pueden estar expuestos a solventes, aceites, metales, lodos, ácidos, bases, hidrocarburos, vapores inflamables, materiales impregnados o residuos reactivos. Por ello, la gestión de residuos peligrosos debe integrarse con los programas de seguridad y salud en el trabajo. No debe verse únicamente como una obligación ambiental, sino como una medida de prevención de accidentes y enfermedades laborales.
Las empresas deben contar con procedimientos claros para la identificación, segregación, envasado, etiquetado, almacenamiento temporal, transporte interno, atención de derrames y entrega a empresas autorizadas. El personal debe conocer los riesgos del residuo, el equipo de protección personal requerido, las incompatibilidades químicas y las acciones de emergencia. La falta de capacitación puede provocar errores críticos, como mezclar residuos incompatibles, almacenar solventes en recipientes inadecuados, dejar envases abiertos, no etiquetar contenedores o disponer residuos peligrosos como basura común.
La gestión adecuada de residuos peligrosos requiere trazabilidad. Esto significa que la empresa debe poder demostrar qué residuo generó, en qué cantidad, dónde lo almacenó, cuándo lo entregó, quién lo transportó y cuál fue su destino final. Esta trazabilidad se sostiene mediante registros, bitácoras, manifiestos, contratos con empresas autorizadas, evidencias de recolección, certificados de tratamiento o disposición y documentación interna.
La trazabilidad es especialmente importante en sectores con alta generación, porque permite identificar oportunidades de reducción, valorización, sustitución de insumos o mejora de procesos. También permite detectar desviaciones, pérdidas de control, acumulación excesiva o incumplimientos. Sin trazabilidad, la empresa queda expuesta a riesgos ambientales, legales, económicos y reputacionales.
En entidades como Nuevo León, ZMVM, Chihuahua, Campeche, Tamaulipas y Tabasco, donde se concentra gran parte de la generación nacional, la trazabilidad debe ser una prioridad. La cantidad de residuos generados y el número de empresas registradas exigen sistemas de control más sólidos, tanto por parte de las empresas como de los prestadores de servicios y autoridades ambientales.
La mejor estrategia para el manejo de residuos peligrosos es reducir su generación desde la fuente. Esto puede lograrse mediante sustitución de sustancias peligrosas por alternativas menos riesgosas, optimización de procesos, mantenimiento preventivo, control de inventarios, reducción de caducidades, recuperación de solventes, reutilización interna cuando sea legal y técnicamente viable, segregación adecuada, capacitación y mejora de prácticas operativas.
En el sector automotriz, por ejemplo, pueden implementarse sistemas más eficientes de pintura, control de solventes, reducción de lodos, reciclaje de materiales y manejo optimizado de aceites. En la industria química, pueden aplicarse controles de inventario, reducción de productos fuera de especificación, recuperación de solventes o mejora de formulaciones. En metalurgia, pueden establecerse sistemas de recuperación de metales, tratamiento de lodos y control de baños químicos. En petróleo y petroquímica, la prevención de derrames, el mantenimiento de equipos y la gestión adecuada de lodos e hidrocarburos son esenciales.
La prevención también reduce costos. Menos residuos peligrosos significan menor gasto en almacenamiento, transporte, tratamiento y disposición final. Además, disminuyen los riesgos de incidentes, sanciones, paros operativos, daños ambientales y exposición ocupacional.
La información sectorial y territorial permite establecer prioridades claras. En primer lugar, los sectores automotriz, artículos de diferentes materiales, químico, metalúrgico, petróleo y petroquímica, electrónicos y productos metálicos deben considerarse sectores estratégicos para programas de capacitación, supervisión, prevención y mejora de desempeño ambiental.
En segundo lugar, las entidades con mayor generación —Nuevo León, ZMVM, Chihuahua, Campeche, Tamaulipas y Tabasco— requieren especial atención por su contribución acumulada al total nacional. En estas regiones, las autoridades, empresas y prestadores de servicios deben fortalecer la infraestructura de manejo, tratamiento, reciclaje, valorización y disposición final de residuos peligrosos.
En tercer lugar, no debe descuidarse al resto del país. Aunque las demás entidades representen el 22.06% de la generación, los riesgos pueden presentarse en cualquier centro de trabajo donde existan sustancias químicas, aceites, solventes, residuos biológico-infecciosos, materiales contaminados, baterías, pinturas, plaguicidas o hidrocarburos. La gestión de residuos peligrosos debe ser nacional, pero con estrategias diferenciadas según el nivel de generación, tipo de actividad y capacidad técnica de los generadores.
Fuente: Elaboración propia con datos de la SEMARNAT- DGGIMAR, 2025.