La generación de residuos peligrosos en México durante el periodo 2004 a 2025 muestra una distribución claramente concentrada en ciertas corrientes de residuos. De acuerdo con los datos reportados, el total acumulado fue de 4,669,869 toneladas, distribuidas principalmente entre residuos sólidos, aceites gastados, otros residuos peligrosos, líquidos de proceso, lodos, residuos biológico-infecciosos y solventes. Esta clasificación permite comprender no solo cuánto se genera, sino también qué tipo de residuos representan mayor presión ambiental, operativa y regulatoria para las empresas generadoras.
El dato más relevante es que los residuos sólidos representan la corriente dominante, con 2,357,895 toneladas, equivalentes al 50.49% del total reportado. Esto significa que más de la mitad de los residuos peligrosos generados en el periodo corresponden a materiales sólidos que, por su composición o contaminación, deben manejarse bajo controles especiales. Esta categoría puede incluir materiales impregnados con sustancias peligrosas, envases contaminados, filtros usados, trapos, estopas, empaques, residuos de procesos industriales, materiales fuera de especificación, sólidos contaminados con hidrocarburos, metales, solventes, pinturas, sustancias químicas u otros componentes peligrosos.
Clasificar los residuos peligrosos por corriente es fundamental para diseñar estrategias adecuadas de manejo. No todos los residuos peligrosos presentan los mismos riesgos ni requieren las mismas condiciones de almacenamiento, transporte, tratamiento o disposición final. Un residuo sólido contaminado con aceite no se maneja igual que un solvente inflamable; un lodo industrial no tiene las mismas características que un residuo biológico-infeccioso; y un líquido de proceso puede requerir controles completamente distintos a los de un material sólido impregnado.
La clasificación por corriente permite identificar patrones de generación, priorizar acciones preventivas y establecer controles específicos. También ayuda a las empresas a mejorar su segregación interna, reducir mezclas innecesarias, evitar incompatibilidades químicas, disminuir costos de manejo y fortalecer la trazabilidad documental. Cuando los residuos se clasifican correctamente desde el punto de generación, es más fácil asignarles envases adecuados, etiquetas, áreas de almacenamiento, rutas internas, equipo de protección personal y métodos de disposición final.
En el contexto de la gestión ambiental, esta información también permite observar qué corrientes requieren mayor atención a nivel nacional. Si más de la mitad de los residuos peligrosos corresponden a sólidos, entonces las estrategias de prevención, minimización y control deben enfocarse de manera importante en la reducción de materiales contaminados, la limpieza de procesos, el uso eficiente de insumos, la sustitución de materiales desechables y la capacitación del personal que manipula estos residuos.
Los residuos sólidos peligrosos encabezan la lista con 2,357,895 toneladas, equivalentes al 50.49% del total. Esta cifra indica que la mayor parte de los residuos peligrosos reportados no se presenta en forma líquida, sino como materiales sólidos que han adquirido peligrosidad por su composición o por haber estado en contacto con sustancias peligrosas.
Dentro de esta corriente pueden encontrarse envases vacíos contaminados, filtros usados, trapos impregnados, absorbentes contaminados, empaques con residuos químicos, sólidos de mantenimiento industrial, materiales contaminados con hidrocarburos, residuos de pintura, residuos con metales pesados, materiales fuera de especificación, residuos de limpieza, catalizadores agotados, tierras contaminadas, sólidos provenientes de procesos industriales y otros materiales que no deben manejarse como basura común.
El predominio de los residuos sólidos puede explicarse por su presencia transversal en prácticamente todos los sectores económicos. La industria automotriz, química, metalúrgica, petrolera, electrónica, de pinturas, construcción, mantenimiento, hospitales, laboratorios, talleres y servicios industriales pueden generar residuos sólidos peligrosos. Incluso empresas que no se consideran altamente industriales pueden producir este tipo de residuos cuando utilizan aceites, solventes, pinturas, adhesivos, reactivos, productos de limpieza concentrados o sustancias químicas peligrosas.
Uno de los principales problemas asociados a esta corriente es la tendencia a subestimar su peligrosidad. Al tratarse de materiales sólidos, algunos centros de trabajo pueden confundirlos con residuos de manejo especial o residuos sólidos urbanos. Sin embargo, si estos materiales están impregnados, contaminados o contienen sustancias peligrosas, deben manejarse como residuos peligrosos. La falta de identificación adecuada puede provocar contaminación cruzada, exposición de trabajadores, almacenamiento inseguro y disposición inadecuada.
Los aceites gastados ocupan el segundo lugar, con 701,072 toneladas, equivalentes al 15.01% del total. Esta corriente es una de las más comunes en actividades industriales, automotrices, marítimas, energéticas, de transporte, mantenimiento de maquinaria, talleres, plantas de producción, generadores eléctricos, compresores, equipos hidráulicos y sistemas de lubricación.
Los aceites gastados pueden contener hidrocarburos, metales, aditivos degradados, partículas, lodos, agua, combustibles, solventes u otros contaminantes derivados del uso. Aunque en algunos casos pueden ser valorizados, regenerados o aprovechados energéticamente mediante procesos autorizados, su manejo inadecuado representa un riesgo importante para el suelo, el agua y la salud humana.
Un litro de aceite mal manejado puede contaminar grandes volúmenes de agua o afectar superficies de suelo, especialmente si se derrama en patios, drenajes, talleres o áreas sin contención. Además, los aceites usados pueden generar superficies resbalosas, incendios, exposición dérmica y contaminación de otros residuos cuando se mezclan indebidamente.
La gestión correcta de aceites gastados requiere contenedores cerrados, compatibles, etiquetados y colocados sobre superficies impermeables o con contención secundaria. También es indispensable evitar mezclarlos con solventes, combustibles, anticongelantes, agua, trapos, sólidos u otros residuos, ya que esto puede modificar sus características, aumentar el volumen peligroso y complicar su tratamiento o reciclaje.
La corriente de otros residuos peligrosos representa 540,692 toneladas, equivalentes al 11.58%. Esta categoría agrupa residuos que no se ubican directamente en las demás corrientes principales, pero que por sus características requieren manejo especial. Puede incluir residuos de composición variable, materiales fuera de especificación, productos caducos, mezclas contaminadas, residuos reactivos, envases con remanentes, sustancias no identificadas, residuos de mantenimiento especializado o residuos generados en procesos particulares.
Su importancia radica en que puede contener una gran diversidad de peligros. Al ser una categoría amplia, es indispensable que las empresas no la utilicen como una clasificación genérica sin análisis técnico. Cada residuo debe identificarse con base en su origen, composición, proceso generador, hoja de datos de seguridad, características de peligrosidad y posibles incompatibilidades.
El uso excesivo de categorías generales puede ocultar riesgos específicos. Por ejemplo, un residuo clasificado simplemente como “otro residuo peligroso” podría ser inflamable, corrosivo, tóxico, reactivo o contener metales pesados. Si esta información no se documenta adecuadamente, se dificulta la selección de envases, el almacenamiento seguro, la respuesta a emergencias y la disposición final.
Por ello, esta corriente exige especial atención documental y técnica. Las empresas deben evitar clasificaciones ambiguas, mantener inventarios claros, realizar caracterizaciones cuando sea necesario y capacitar al personal responsable para identificar correctamente los residuos que no encajan en categorías comunes.
Los líquidos de proceso suman 331,236 toneladas, equivalentes al 7.09%. Esta corriente puede provenir de operaciones industriales, químicas, metalúrgicas, alimentarias, farmacéuticas, de tratamiento superficial, limpieza de equipos, baños químicos, enjuagues contaminados, soluciones agotadas, aguas de proceso con contaminantes, mezclas líquidas y residuos de formulación.
Los líquidos peligrosos requieren controles rigurosos porque tienen mayor capacidad de dispersarse, infiltrarse, evaporarse o reaccionar. Un derrame de líquido puede propagarse rápidamente por superficies, ingresar a drenajes, contaminar suelos o generar vapores peligrosos. Además, algunos líquidos pueden ser inflamables, corrosivos, tóxicos o reactivos con agua, aire, metales u otras sustancias.
El manejo seguro de líquidos de proceso debe contemplar envases compatibles, tapas cerradas, charolas de contención, segregación por compatibilidad química, ventilación adecuada, señalización, procedimientos de trasvase y disponibilidad de materiales absorbentes o equipos de contención. También es importante evitar el almacenamiento prolongado en recipientes improvisados, dañados o sin identificación.
En muchas empresas, los líquidos de proceso se generan en pequeñas cantidades distribuidas en diferentes áreas. Esto puede hacer que el riesgo pase desapercibido. Sin embargo, la acumulación de pequeñas cantidades mal segregadas puede generar incidentes graves, especialmente si se mezclan residuos ácidos con básicos, solventes con oxidantes, líquidos inflamables con fuentes de ignición o residuos desconocidos entre sí.
Los lodos representan 319,013 toneladas, equivalentes al 6.83%. Esta corriente puede generarse en plantas de tratamiento de aguas residuales, procesos industriales, separación de sólidos, tratamiento químico, decantación, filtración, limpieza de tanques, manejo de hidrocarburos, procesos metalúrgicos, galvanoplastia, industria química, petroquímica, alimentos, papel, minería y otros sectores.
Los lodos son especialmente complejos porque pueden contener una mezcla de agua, sólidos, materia orgánica, metales, hidrocarburos, sustancias químicas, solventes, compuestos tóxicos o contaminantes específicos del proceso. Su peligrosidad depende de su origen y composición. Algunos lodos pueden ser corrosivos, tóxicos, inflamables o contener metales pesados, por lo que requieren caracterización y manejo especializado.
Una dificultad frecuente es su alto contenido de humedad, lo que incrementa el peso y los costos de transporte y tratamiento. Por ello, muchas empresas buscan procesos de deshidratación, estabilización o reducción de volumen. Sin embargo, estas acciones deben realizarse bajo criterios técnicos para evitar emisiones, escurrimientos, contaminación secundaria o exposición del personal.
El almacenamiento de lodos debe evitar fugas, escurrimientos y contacto con lluvia. También debe prevenirse su disposición en suelos, patios, drenajes o cuerpos de agua. Cuando se manejan sin control, los lodos pueden convertirse en una fuente persistente de contaminación ambiental.
Los residuos biológico-infecciosos reportan 295,060 toneladas, equivalentes al 6.32%. Aunque su porcentaje es menor frente a los residuos sólidos o aceites gastados, su riesgo sanitario es significativo. Esta corriente puede generarse en hospitales, clínicas, laboratorios, bancos de sangre, consultorios, veterinarias, centros de investigación, campañas de salud, unidades de atención médica y establecimientos donde se manipulan agentes biológicos, fluidos, tejidos, material punzocortante o residuos contaminados.
Los residuos biológico-infecciosos requieren una gestión diferenciada porque su principal peligro no es necesariamente químico, sino microbiológico. El contacto, punción, inhalación o manipulación inadecuada puede exponer a trabajadores, personal de limpieza, transportistas, pacientes o terceros a agentes patógenos.
El manejo de esta corriente debe incluir segregación desde el punto de generación, uso de contenedores rígidos para punzocortantes, bolsas o recipientes específicos según el tipo de residuo, identificación clara, almacenamiento temporal controlado, recolección por prestadores autorizados y tratamiento adecuado, como esterilización, incineración u otros métodos permitidos según el tipo de residuo y la regulación aplicable.
Uno de los errores más graves es mezclar residuos biológico-infecciosos con residuos comunes o con residuos químicos. Esto incrementa el riesgo sanitario y complica su tratamiento. También puede elevar innecesariamente el volumen de residuos peligrosos si se clasifican de manera incorrecta materiales que no corresponden a esta categoría.
Los solventes representan 124,902 toneladas, equivalentes al 2.67% del total reportado. Aunque es la corriente con menor participación dentro de los datos proporcionados, su riesgo no debe subestimarse. Los solventes pueden ser inflamables, tóxicos, volátiles, irritantes, narcóticos, corrosivos en algunos casos o peligrosos por inhalación y contacto dérmico.
Esta corriente puede generarse en actividades de limpieza industrial, pintura, impresión, recubrimientos, laboratorios, manufactura, electrónica, automotriz, química, mantenimiento, adhesivos, desengrase de piezas y formulación de productos. Los solventes usados pueden contener mezclas de sustancias, residuos de pintura, grasas, aceites, metales, resinas, tintas u otros contaminantes.
El riesgo principal de los solventes está asociado con vapores inflamables, atmósferas explosivas, exposición ocupacional e incompatibilidad con oxidantes u otras sustancias. Su almacenamiento debe realizarse en recipientes cerrados, compatibles, etiquetados, con ventilación adecuada y lejos de fuentes de calor, chispas o flamas abiertas. Además, deben evitarse trasvases improvisados o el uso de recipientes sin identificación.
Desde una perspectiva preventiva, muchas empresas pueden reducir la generación de solventes usados mediante sistemas de recuperación, sustitución por productos menos peligrosos, limpieza mecánica, control de inventarios, capacitación y procedimientos que eviten desperdicios.
La distribución por corriente permite observar que el mayor reto en la gestión de residuos peligrosos no se encuentra únicamente en las sustancias líquidas o altamente visibles, sino en los residuos sólidos contaminados. Esto es relevante porque muchas veces las empresas enfocan su atención en aceites, solventes o productos químicos líquidos, pero descuidan materiales sólidos que han estado en contacto con sustancias peligrosas.
La suma de sólidos y aceites gastados representa 65.50% del total reportado. Si se agregan otros residuos peligrosos, el acumulado llega a 77.08%. Esto significa que las primeras tres corrientes concentran más de tres cuartas partes del total. Por lo tanto, cualquier estrategia de reducción o control debe priorizar estas categorías.
El manejo de residuos sólidos debe enfocarse en evitar contaminación innecesaria de materiales, reducir el uso de desechables, mejorar la limpieza de procesos, controlar derrames desde el origen y separar residuos por tipo. En aceites gastados, la prioridad debe ser la recolección segura, almacenamiento en recipientes adecuados, no mezclarlos y enviarlos a valorización o tratamiento autorizado. En otros residuos peligrosos, el énfasis debe estar en la identificación precisa y la eliminación de clasificaciones ambiguas.
Estos datos por corriente se complementan con la información previamente analizada sobre los sectores y entidades con mayor generación de residuos peligrosos. Los estados y zonas como Nuevo León, la Zona Metropolitana del Valle de México, Chihuahua, Campeche, Tamaulipas y Tabasco concentran una parte significativa de la generación nacional. Esta concentración territorial se relaciona con regiones donde existen actividades industriales, automotrices, químicas, metalúrgicas, petroleras, logísticas, hospitalarias y de servicios especializados.
Las corrientes reportadas también se vinculan con los sectores de mayor participación. El sector automotriz puede generar sólidos contaminados, aceites gastados, solventes, lodos de pintura y líquidos de proceso. La industria química puede generar líquidos de proceso, solventes, lodos, productos fuera de especificación y otros residuos peligrosos. La metalurgia puede generar lodos, sólidos contaminados, aceites, residuos con metales y líquidos de tratamiento superficial. El sector petróleo y petroquímica puede generar aceites gastados, lodos, sólidos impregnados con hidrocarburos y otros residuos peligrosos.
Esta relación demuestra que la gestión de residuos peligrosos debe analizarse desde tres enfoques complementarios: el territorio donde se generan, el sector económico que los produce y la corriente específica del residuo. Solo así es posible diseñar medidas de prevención y control más efectivas.
Para las empresas, estos datos reflejan la necesidad de implementar sistemas internos sólidos de gestión ambiental. No basta con contratar a una empresa recolectora; el control debe iniciar desde el área donde se genera el residuo. Cada departamento, línea de producción, laboratorio, taller, almacén, cuarto de mantenimiento o área médica debe saber qué residuos genera y cómo manejarlos.
Una empresa debe contar con procedimientos para identificar residuos peligrosos, clasificarlos por corriente, almacenarlos correctamente, evitar mezclas, registrar cantidades, capacitar al personal y documentar su entrega a prestadores autorizados. También debe establecer responsables internos y realizar verificaciones periódicas para detectar prácticas inseguras.
Las áreas de mantenimiento suelen ser puntos críticos por la generación de aceites gastados, filtros, trapos impregnados, solventes, pinturas y envases contaminados. Las áreas de producción pueden generar sólidos contaminados, líquidos de proceso, lodos o residuos fuera de especificación. Los laboratorios pueden generar residuos químicos, biológico-infecciosos o solventes. Los almacenes pueden generar productos caducos, envases con remanentes o materiales dañados.
Por ello, la capacitación debe adaptarse al tipo de residuo generado en cada área. No todos los trabajadores requieren el mismo nivel de conocimiento técnico, pero todos deben saber reconocer los riesgos básicos, identificar etiquetas, utilizar el equipo de protección personal, evitar mezclas y reportar condiciones inseguras.
El manejo inadecuado de residuos peligrosos puede tener consecuencias graves. Un residuo sólido contaminado puede incendiarse, liberar vapores, contaminar otros materiales o ser dispuesto incorrectamente. Un aceite gastado derramado puede contaminar el suelo, llegar a drenajes o provocar caídas. Un líquido de proceso puede reaccionar con otro residuo o generar vapores peligrosos. Un lodo contaminado puede escurrir y afectar el ambiente. Un residuo biológico-infeccioso puede generar exposición a agentes patógenos. Un solvente puede provocar incendios, intoxicaciones o atmósferas explosivas.
Además de los riesgos ambientales y sanitarios, existen implicaciones legales, económicas y reputacionales. Las empresas pueden enfrentar sanciones, clausuras, costos de remediación, pérdida de contratos, daños a la imagen corporativa o responsabilidades por afectaciones a terceros. En sectores regulados, el incumplimiento en residuos peligrosos puede afectar auditorías, certificaciones, permisos, relaciones comerciales y requisitos de clientes.
La prevención debe ser el eje principal de la gestión de residuos peligrosos. Reducir la generación desde la fuente es más eficiente que manejar grandes volúmenes después de producidos. Para lograrlo, las empresas pueden aplicar medidas como sustitución de sustancias peligrosas, control de inventarios, compras responsables, mantenimiento preventivo, recuperación de materiales, capacitación operativa, limpieza eficiente, segregación desde el origen y análisis de procesos que generan mayor cantidad de residuos.
En el caso de los residuos sólidos, una medida importante es evitar que materiales no peligrosos se contaminen innecesariamente. Por ejemplo, si se utilizan absorbentes, trapos o empaques en exceso, el volumen de residuos sólidos peligrosos puede aumentar. En aceites gastados, se puede reducir la generación mediante mantenimiento preventivo y control de fugas. En solventes, se pueden implementar sistemas de recuperación o sustitución. En lodos, se pueden optimizar procesos para reducir humedad y volumen. En residuos biológico-infecciosos, se debe evitar clasificar como infeccioso aquello que no lo es, sin descuidar la seguridad sanitaria.
La prevención también requiere medición. Una empresa que no mide cuánto genera por área, proceso o corriente difícilmente podrá reducir sus residuos. Por ello, las bitácoras y registros internos no deben verse solo como obligación, sino como una herramienta para la mejora operativa.
Fuente: Elaboración propia con datos de la SEMARNAT- DGGIMAR, 2025.