La seguridad y salud en el trabajo tradicionalmente se ha relacionado con la prevención de accidentes, el control de agentes físicos, químicos y biológicos, la ergonomía y el uso adecuado de equipos de protección personal. Sin embargo, las condiciones de organización del trabajo también pueden generar consecuencias importantes sobre la salud. Jornadas excesivamente prolongadas, presión constante, cargas de trabajo difíciles de cumplir, falta de recuperación y ambientes laborales adversos pueden contribuir al deterioro progresivo del bienestar físico y psicológico de los trabajadores.
Dentro de este contexto aparece el concepto japonés karojisatsu, término utilizado para describir el suicidio relacionado con el exceso de trabajo y con condiciones laborales de elevada presión. Su estudio permite comprender que la prevención de riesgos laborales no termina al controlar los peligros visibles de una organización: también requiere prestar atención a la forma en que se distribuye el trabajo, se establecen las jornadas, se ejerce el liderazgo y se gestionan las exigencias laborales.
La palabra karojisatsu (過労自殺) procede del japonés y puede entenderse como “suicidio por exceso de trabajo”. Se utiliza para describir situaciones en las que factores asociados con el trabajo, particularmente la sobrecarga, las jornadas prolongadas, el estrés intenso y determinadas condiciones organizacionales, tienen una participación relevante en el deterioro de la salud mental de una persona y en una conducta suicida.
El concepto se encuentra estrechamente relacionado con otro término japonés ampliamente conocido: karoshi, que significa aproximadamente “muerte por exceso de trabajo”. Aunque ambos conceptos se relacionan con condiciones laborales extremas, no son equivalentes. El karoshi suele asociarse con muertes derivadas de problemas físicos vinculados con una carga laboral excesiva, mientras que el karojisatsu hace referencia específicamente al suicidio relacionado con estas condiciones.
Esta distinción resulta importante porque demuestra que la exposición prolongada a condiciones laborales desfavorables puede repercutir tanto en la salud física como en la salud mental.
Trabajar durante periodos prolongados no necesariamente produce por sí solo una consecuencia extrema. El problema surge cuando las altas demandas laborales se mantienen durante largos periodos y se combinan con otros factores como falta de descanso, presión por resultados, poco control sobre las actividades, conflictos laborales o insuficiente apoyo organizacional.
El organismo humano necesita periodos adecuados de recuperación. Después de una jornada de trabajo, el descanso permite restablecer diferentes funciones físicas y cognitivas. Cuando esta recuperación es insuficiente de manera reiterada, puede acumularse fatiga.
La fatiga laboral no solamente significa “sentirse cansado”. Puede afectar la concentración, memoria, percepción, capacidad para resolver problemas, regulación emocional y toma de decisiones. Desde la perspectiva de seguridad industrial, esto también representa un riesgo porque un trabajador agotado puede tener mayor dificultad para identificar peligros y responder adecuadamente ante situaciones inesperadas.
En actividades críticas —como conducción, mantenimiento eléctrico, operación de maquinaria, trabajos en altura, izajes, espacios confinados, atención médica o control de procesos industriales— la fatiga puede convertirse además en un factor que incremente la probabilidad de errores e incidentes.
El karojisatsu debe entenderse como un fenómeno complejo y multifactorial. No existe una sola causa que permita explicar todos los casos. Sin embargo, existen condiciones laborales que pueden contribuir al deterioro del bienestar psicológico cuando son intensas o persistentes.
Entre ellas pueden encontrarse:
Jornadas laborales excesivamente prolongadas.
Horas extraordinarias frecuentes.
Sobrecarga cuantitativa o cualitativa de trabajo.
Metas difíciles o imposibles de alcanzar.
Presión constante por resultados.
Falta de autonomía o control sobre el trabajo.
Descansos insuficientes.
Alteraciones continuas de los horarios.
Trabajo nocturno o rotación inadecuada de turnos.
Conflictos interpersonales.
Violencia o acoso laboral.
Liderazgo inadecuado.
Falta de reconocimiento.
Escaso apoyo de compañeros o superiores.
Inseguridad laboral.
Dificultad para conciliar el trabajo con la vida personal.
La presencia aislada de alguno de estos factores no significa que necesariamente se producirá una consecuencia grave. El riesgo depende de la intensidad, frecuencia, duración, combinación de las exposiciones y características particulares de cada situación.
Uno de los elementos fundamentales para comprender los efectos del exceso de trabajo es la recuperación.
El descanso entre jornadas, las pausas durante el trabajo, el sueño adecuado y los periodos de desconexión permiten recuperar recursos físicos y mentales. Cuando las demandas laborales continúan incluso después de terminar formalmente la jornada —por ejemplo, mediante llamadas, mensajes, correos electrónicos o tareas pendientes— la recuperación puede verse limitada.
El problema puede intensificarse cuando esta situación se normaliza dentro de la cultura organizacional.
Expresiones como “aquí todos trabajamos hasta terminar”, “el que se va temprano no está comprometido” o “hay que estar disponible siempre” pueden favorecer una cultura donde trabajar excesivamente se interpreta como una demostración de compromiso.
Desde la prevención de riesgos laborales, esta idea debe cuestionarse. La productividad sostenible requiere recuperación.
Un trabajador exhausto no necesariamente es un trabajador más productivo.
El deterioro asociado con una elevada carga laboral puede aparecer progresivamente. Por ello, resulta importante identificar cambios significativos en el comportamiento y bienestar de los trabajadores.
Algunas manifestaciones que pueden requerir atención incluyen agotamiento persistente, alteraciones importantes del sueño, irritabilidad, dificultad para concentrarse, aislamiento social, pérdida marcada de motivación, ansiedad, desesperanza o cambios notorios en el desempeño y comportamiento habitual.
Particularmente importantes son las expresiones relacionadas con desesperanza, sentirse atrapado, considerar que no existen alternativas o hablar sobre la muerte o el suicidio.
Estas situaciones no deben minimizarse ni interpretarse simplemente como falta de actitud, compromiso o resistencia al trabajo. Requieren una respuesta responsable y la canalización hacia profesionales o servicios adecuados.
La función del compañero, supervisor o responsable de seguridad no es realizar un diagnóstico psicológico. Su papel consiste en reconocer que existe una situación que requiere atención, escuchar sin juzgar y activar los mecanismos de apoyo establecidos por la organización.
La prevención no puede descansar exclusivamente sobre el trabajador.
Recomendar a una persona que “maneje mejor el estrés” resulta insuficiente cuando la propia organización mantiene cargas excesivas, jornadas prolongadas o prácticas laborales perjudiciales.
Una estrategia preventiva efectiva debe analizar las condiciones en las que se desarrolla el trabajo.
Las empresas pueden revisar periódicamente la duración real de las jornadas, cantidad de horas extraordinarias, distribución de cargas, disponibilidad de personal, rotación de turnos, periodos de descanso, estilos de liderazgo, conflictos laborales y otros indicadores que permitan identificar áreas con una exposición elevada a factores psicosociales.
También es importante establecer canales confidenciales para que los trabajadores puedan comunicar situaciones relacionadas con sobrecarga, violencia, acoso o problemas organizacionales sin temor a represalias.
La intervención temprana puede evitar que un problema inicialmente manejable evolucione hacia consecuencias más graves.
El abordaje preventivo puede organizarse siguiendo la misma lógica utilizada para otros riesgos laborales: identificar, evaluar, controlar y dar seguimiento.
Primero deben reconocerse las condiciones organizacionales capaces de afectar negativamente a los trabajadores. Posteriormente se analiza su magnitud y se determinan las medidas necesarias.
Las medidas preventivas pueden incluir una distribución más equilibrada de las cargas, contratación suficiente de personal, límites razonables para las jornadas extraordinarias, programación adecuada de turnos, periodos efectivos de descanso, capacitación de supervisores, mecanismos de resolución de conflictos y acceso oportuno a servicios de apoyo psicológico.
También debe existir seguimiento. Implementar una medida no garantiza automáticamente su efectividad. Es necesario verificar si realmente disminuyó la exposición y mejoraron las condiciones laborales.
En México, la gestión de los factores de riesgo psicosocial forma parte de las obligaciones en materia de seguridad y salud en el trabajo.
La NOM-035-STPS-2018, Factores de riesgo psicosocial en el trabajo—Identificación, análisis y prevención, establece elementos para identificar, analizar y prevenir factores de riesgo psicosocial, así como promover un entorno organizacional favorable en los centros de trabajo.
Entre los elementos considerados se encuentran aspectos relacionados con las cargas de trabajo, jornadas laborales, interferencia en la relación trabajo-familia, liderazgo, relaciones laborales y violencia laboral.
Esto resulta particularmente relevante porque demuestra que la salud mental relacionada con el trabajo no debe considerarse únicamente un problema individual. Existen factores organizacionales que pueden y deben gestionarse preventivamente.
La aplicación adecuada de la NOM-035 no debería limitarse al cumplimiento documental o a la aplicación periódica de cuestionarios. Su verdadero propósito preventivo requiere analizar los resultados, identificar áreas problemáticas e implementar acciones concretas.
Los mandos medios y supervisores tienen una posición especialmente importante.
Son quienes normalmente distribuyen actividades, establecen prioridades, autorizan horas extraordinarias y mantienen contacto cotidiano con los trabajadores. Por ello, deberían recibir capacitación para identificar cambios significativos en el comportamiento y saber cómo actuar ante una situación de riesgo.
Un supervisor no debe intentar sustituir a un profesional de la salud mental.
Su responsabilidad consiste en reconocer las señales, mantener una comunicación respetuosa, evitar estigmatizar al trabajador y utilizar los procedimientos establecidos para solicitar apoyo.
Además, el estilo de liderazgo puede actuar como un elemento protector o convertirse en una fuente adicional de riesgo.
Una de las ideas más importantes que debe modificarse es considerar que trabajar más horas necesariamente significa producir más.
Las jornadas prolongadas pueden generar fatiga y reducir progresivamente la atención y el desempeño. En ambientes industriales, además, esta disminución puede tener implicaciones directas para la seguridad.
Por ello, gestionar adecuadamente las jornadas y cargas de trabajo no solamente constituye una medida de bienestar laboral. También puede formar parte de una estrategia para mejorar la confiabilidad humana, prevenir errores y mantener operaciones sostenibles.
Una organización que protege la recuperación de sus trabajadores está protegiendo también la continuidad de sus procesos.
Durante muchos años, la prevención se concentró principalmente en los riesgos capaces de producir lesiones físicas inmediatas. Actualmente resulta necesario adoptar una visión más integral.
Un centro de trabajo puede tener maquinaria protegida, procedimientos documentados, equipos de protección personal y señalización adecuada y, aun así, presentar problemas importantes si sus trabajadores se encuentran permanentemente agotados, sometidos a jornadas excesivas o expuestos a condiciones organizacionales perjudiciales.
La salud mental forma parte de la salud ocupacional.
Por esta razón, hablar de karojisatsu en cursos de seguridad laboral no significa afirmar que cualquier situación de estrés conducirá a una consecuencia extrema. Significa reconocer que las condiciones de trabajo pueden influir de manera significativa sobre el bienestar psicológico y que las organizaciones tienen oportunidades concretas para intervenir.