La Seguridad y Salud en el Trabajo (SST) depende de la capacidad de las organizaciones para identificar peligros, reconocer exposiciones, registrar incidentes, evaluar riesgos y transformar la evidencia disponible en medidas preventivas. Sin embargo, los accidentes y enfermedades laborales no siempre persisten por una ausencia absoluta de conocimiento científico. En determinadas circunstancias, el conocimiento existe, pero es ignorado, minimizado, fragmentado, ocultado o sometido a exigencias de certeza desproporcionadas antes de que se adopten medidas de prevención. La agnotología, entendida como el estudio de la producción, mantenimiento y distribución de la ignorancia, proporciona un marco conceptual particularmente útil para analizar este fenómeno.
Aplicada a la SST, la perspectiva agnotológica permite estudiar situaciones como el subregistro de accidentes y enfermedades, la invisibilización de exposiciones crónicas, la minimización de riesgos emergentes, la selección interesada de evidencia científica, la omisión de resultados desfavorables, la normalización de desviaciones operacionales y la transferencia de responsabilidad preventiva hacia el trabajador. No toda falta de conocimiento constituye agnotología deliberada: existen incertidumbres científicas auténticas y limitaciones técnicas legítimas. El problema surge cuando esas incertidumbres se utilizan para retrasar acciones preventivas razonables o cuando los sistemas organizacionales generan condiciones que impiden conocer adecuadamente la realidad del trabajo.
Este artículo analiza los fundamentos de la agnotología y propone su aplicación al campo de la SST como una herramienta complementaria para la gestión de riesgos. Se argumenta que una organización segura no solamente debe preguntarse qué conoce sobre sus peligros, sino también qué no conoce, por qué no lo conoce, quién produce la información, qué información queda fuera de los indicadores y quién puede beneficiarse de que determinado riesgo permanezca invisible.
Palabras clave: agnotología, seguridad y salud en el trabajo, SST, riesgo laboral, ignorancia organizacional, cultura de seguridad, enfermedades profesionales, subregistro, prevención, incertidumbre científica.
La prevención de accidentes y enfermedades laborales suele presentarse como un problema fundamentalmente técnico. Desde esta perspectiva, primero se identifica un peligro, posteriormente se evalúa el riesgo y, finalmente, se seleccionan controles destinados a eliminarlo o reducirlo. El modelo es lógico y constituye uno de los fundamentos de la higiene industrial, la ergonomía, la medicina del trabajo y la gestión moderna de la seguridad.
Sin embargo, existe un problema anterior a la propia evaluación del riesgo: para controlar un peligro primero es necesario reconocer que existe.
Una organización que desconoce la presencia de sílice respirable, ruido excesivo, vapores tóxicos, sobrecarga biomecánica, jornadas excesivas, estrés térmico o factores de riesgo psicosocial difícilmente incorporará estos elementos a su sistema preventivo. Pero todavía existe una situación más compleja: aquella en la que los indicios están disponibles y, pese a ello, determinados mecanismos organizacionales, económicos, culturales o comunicativos contribuyen a que el riesgo permanezca ignorado.
La Organización Mundial de la Salud y la Organización Internacional del Trabajo estimaron que la exposición a determinados factores de riesgo ocupacional estuvo asociada con aproximadamente 1.9 millones de muertes en 2016, de las cuales una proporción considerable correspondió a enfermedades y no solamente a traumatismos agudos. Esta observación es relevante porque muchas enfermedades laborales poseen periodos de latencia prolongados y relaciones causales menos visibles que un accidente traumático.
Un trabajador que cae de una plataforma genera un acontecimiento inmediatamente reconocible. En cambio, una neumoconiosis, una hipoacusia inducida por ruido, un cáncer relacionado con una exposición ocupacional o determinados trastornos musculoesqueléticos pueden desarrollarse durante años. Esa distancia temporal entre exposición y daño facilita que los riesgos puedan ser minimizados, ignorados o desvinculados del trabajo.
La SST, por tanto, no enfrenta exclusivamente un problema de producción de conocimiento. También enfrenta un problema de producción de desconocimiento.
Es precisamente aquí donde aparece la agnotología.
El término agnotología se encuentra estrechamente asociado con los trabajos del historiador de la ciencia Robert N. Proctor y posteriormente con la obra editada junto con Londa Schiebinger, Agnotology: The Making and Unmaking of Ignorance. El planteamiento fundamental consiste en estudiar la ignorancia no simplemente como un vacío pasivo que será llenado progresivamente por la ciencia, sino como un fenómeno que también posee causas sociales, culturales, económicas e institucionales.
Así como la epistemología se pregunta cómo se construye y valida el conocimiento, la agnotología pregunta:
¿Cómo se produce aquello que una sociedad, institución o persona no sabe?
La pregunta modifica profundamente el análisis tradicional.
Imaginemos que una empresa desconoce la concentración de un contaminante químico en determinado proceso. Desde una perspectiva convencional se podría afirmar simplemente que “faltan datos”. Una evaluación agnotológica introduciría preguntas adicionales: ¿nunca se realizó un reconocimiento del contaminante?, ¿no existía tecnología para medirlo?, ¿se realizó el estudio pero sus resultados no fueron comunicados?, ¿se seleccionaron solamente algunos puntos de muestreo?, ¿los trabajadores habían reportado síntomas?, ¿existían antecedentes científicos sobre el agente?, ¿la empresa decidió no realizar mediciones porque anticipaba resultados desfavorables?
Proctor distingue de manera general tres formas de ignorancia: aquella que constituye un estado inicial del conocimiento, la derivada de una selección de aquello que se investiga o se deja de investigar, y aquella que es construida o mantenida estratégicamente.
Esta clasificación resulta especialmente útil para la SST.
La primera categoría corresponde a riesgos verdaderamente desconocidos. Puede ocurrir, por ejemplo, con una nueva tecnología cuyos efectos sobre la salud todavía no han podido determinarse.
La segunda aparece cuando ciertos problemas reciben mucha atención mientras otros permanecen prácticamente invisibles. Una organización puede registrar exhaustivamente accidentes incapacitantes pero disponer de información muy limitada sobre fatiga, molestias musculoesqueléticas, exposiciones químicas de baja intensidad o deterioro progresivo de la audición.
La tercera es la más problemática: el desconocimiento es producido, promovido o conservado porque conocer completamente determinada situación tendría consecuencias económicas, regulatorias, jurídicas o reputacionales.
La gestión tradicional de riesgos suele formular preguntas como:
¿Cuál es el peligro? ¿Quién está expuesto? ¿Qué tan grave puede ser el daño? ¿Cuál es la probabilidad? ¿Qué controles debemos establecer?
La agnotología incorpora otra dimensión:
¿Tenemos información suficiente para contestar correctamente esas preguntas?
Y posteriormente:
¿Qué mecanismos podrían estar distorsionando aquello que creemos saber?
Desde esta perspectiva puede proponerse, como herramienta analítica y no como una categoría normativa oficialmente reconocida, el concepto de riesgo agnotológico en SST: la posibilidad de que decisiones preventivas deficientes sean consecuencia de la producción, ocultamiento, selección, fragmentación o interpretación sesgada de información relacionada con los peligros y daños laborales.
El riesgo agnotológico no sustituye al riesgo químico, físico, biológico, ergonómico, psicosocial o de seguridad. Opera en un nivel diferente.
Por ejemplo, el ruido es el peligro físico. La exposición elevada constituye el problema higiénico. Pero no realizar sonometrías, medir únicamente durante periodos de baja producción o interpretar sistemáticamente los resultados de la manera menos protectora posible constituiría un problema relacionado con la producción del conocimiento sobre dicho riesgo.
Algo semejante ocurre con los riesgos químicos. El peligro puede ser el benceno, la sílice cristalina respirable o el asbesto. La dimensión agnotológica aparece cuando la organización desconoce deliberadamente su concentración, cuestiona indefinidamente evidencias consistentes o utiliza incertidumbres secundarias para impedir una decisión preventiva.
Así, un peligro puede existir físicamente y simultáneamente ser invisible organizacionalmente.
Uno de los mecanismos más estudiados por la agnotología es la denominada manufactura de incertidumbre.
David Michaels describió cómo determinadas industrias han utilizado incertidumbres científicas para cuestionar o retrasar decisiones relacionadas con sustancias o productos peligrosos. El mecanismo no necesariamente consiste en demostrar que un agente es inocuo. Puede resultar suficiente con sostener que todavía existe alguna incertidumbre sobre la magnitud exacta del riesgo, el mecanismo causal o la dosis necesaria para producir daño.
Esta distinción es fundamental.
La ciencia prácticamente nunca proporciona certeza absoluta. Una evaluación de riesgos trabaja con probabilidades, intervalos de confianza, variabilidad biológica, errores de medición y múltiples factores de confusión. La existencia de incertidumbre es una característica normal de la investigación científica.
La manipulación comienza cuando se transforma la razonable exigencia de evidencia en una exigencia de prueba absoluta.
En SST este problema puede expresarse mediante afirmaciones como:
“Todavía no está demostrado al cien por ciento.”
“No todos los trabajadores expuestos desarrollan la enfermedad.”
“Hace veinte años trabajaban así y no pasaba nada.”
“Solamente tenemos tres trabajadores con síntomas.”
“No existe suficiente evidencia interna.”
“Mientras no exista un límite específicamente aplicable, no podemos afirmar que sea peligroso.”
Tales afirmaciones pueden contener elementos parcialmente verdaderos y, sin embargo, conducir a decisiones preventivas incorrectas.
La prevención no requiere esperar hasta que el daño sea irreversible para reconocer un riesgo.
La historia de la salud ocupacional proporciona numerosos ejemplos de enfermedades que continuaron presentándose después de que existieran conocimientos relevantes sobre sus causas.
La silicosis constituye uno de los casos paradigmáticos. La relación entre determinadas actividades generadoras de polvo y enfermedad pulmonar posee una historia extremadamente prolongada. Una revisión histórica publicada en American Industrial Hygiene Association Journal señalaba ya en 1980 que existía conocimiento médico y técnico suficiente para prevenir la silicosis, aunque la enfermedad no había sido erradicada.
El problema persiste. Una revisión publicada en 2026 describe la reaparición de silicosis grave asociada con actividades como el procesamiento de piedra artificial y analiza explícitamente el papel histórico de la incertidumbre manufacturada, las desigualdades laborales y la distribución de las exposiciones.
Los antecedentes relacionados con sílice y asbesto son particularmente importantes para la agnotología. Investigaciones basadas en documentos corporativos han descrito cómo determinados intereses industriales influyeron históricamente en el conocimiento público y científico relacionado con enfermedades producidas por estos polvos.
La enseñanza para la SST contemporánea es clara: que exista conocimiento científico sobre un riesgo no significa automáticamente que dicho conocimiento se traduzca en prevención efectiva.
Entre ambos procesos existe una estructura organizacional, económica y social que determina qué evidencia es aceptada, cuándo se considera suficiente y qué medidas se implementan.
Uno de los campos donde la agnotología posee mayor utilidad práctica para la SST es el estudio del subregistro de accidentes, incidentes y enfermedades laborales.
Los indicadores de accidentalidad suelen utilizarse para evaluar el desempeño de una organización. Sin embargo, cualquier indicador solamente es tan confiable como los datos que lo alimentan.
Una empresa puede reportar cero accidentes durante determinado periodo. Ese resultado puede significar realmente un desempeño extraordinario. Pero también podría significar que solamente se registraron determinados eventos.
La investigación estadounidense sobre registros de lesiones laborales proporciona un ejemplo bien documentado. Un programa de OSHA encontró infracciones de registro en una proporción cercana a la mitad de los establecimientos inspeccionados, y las entrevistas identificaron entre las causas del subregistro el temor de los trabajadores a represalias y determinados sistemas disciplinarios.
La Government Accountability Office también documentó incentivos que podían desalentar tanto a trabajadores como a empresas de reportar correctamente lesiones y enfermedades, entre ellos el temor a acciones disciplinarias, la posible pérdida de beneficios vinculados con indicadores de accidentalidad y preocupaciones empresariales respecto de costos o contratos.
Aquí aparece una paradoja importante de la SST:
un indicador creado para promover la seguridad puede terminar ocultando información necesaria para gestionarla si se convierte en un objetivo que las personas temen afectar.
Por esta razón, una organización madura no pregunta únicamente cuántos accidentes ocurrieron. También analiza cuántos incidentes y condiciones inseguras fueron reportados, la calidad de las investigaciones, la participación de los trabajadores, las desviaciones repetitivas y las barreras existentes para comunicar problemas.
La ausencia de reportes no equivale automáticamente a ausencia de riesgos.
Los objetivos de cero accidentes pueden tener un valor aspiracional legítimo. El problema aparece cuando el indicador deja de funcionar como objetivo preventivo y se transforma en un mecanismo de presión.
Supongamos que una organización premia económicamente a una cuadrilla si completa determinado periodo sin accidentes registrables. Si un trabajador presenta una lesión menor al finalizar el periodo, el reporte podría afectar el incentivo de todo el grupo.
La pregunta deja entonces de ser exclusivamente “¿está lesionado el trabajador?” y puede convertirse en “¿vale la pena reportarlo?”.
El accidente no desapareció.
Desapareció del sistema de información.
Desde una perspectiva agnotológica, esta situación constituye un ejemplo de cómo una organización puede producir su propia ignorancia mediante sus sistemas de recompensa.
La misma lógica puede extenderse a los near misses o casi accidentes. Cuando un casi accidente se interpreta como evidencia de incompetencia personal, los trabajadores poseen pocos incentivos para comunicarlo. Cuando se interpreta como una oportunidad de aprendizaje, la organización obtiene información sobre fallas antes de que provoquen consecuencias graves.
Por ello, un sistema de SST debería valorar también la información que inicialmente resulta incómoda.
Un aumento temporal de los reportes de condiciones inseguras no necesariamente representa un deterioro de la seguridad. En determinadas organizaciones puede significar que finalmente las personas se sienten capaces de comunicar problemas que anteriormente permanecían ocultos.
Existe una frase frecuente en gestión: “lo que no se mide no se puede gestionar”. Aunque no debe interpretarse de manera absoluta, posee especial relevancia en higiene industrial.
Numerosas exposiciones laborales son invisibles a los sentidos o difíciles de cuantificar intuitivamente.
Un trabajador puede acostumbrarse al ruido.
Un gas puede carecer de olor perceptible.
Las partículas respirables pueden no apreciarse visualmente.
Un contaminante puede no generar síntomas inmediatos.
Una carga biomecánica puede producir efectos acumulativos.
El estrés térmico depende de variables ambientales, metabólicas y de vestimenta que no pueden reducirse simplemente a “hace calor”.
No medir estas condiciones genera inevitablemente desconocimiento.
El problema se vuelve agnotológicamente significativo cuando la falta de medición se utiliza posteriormente como evidencia de ausencia de riesgo.
La secuencia sería circular:
“No tenemos mediciones que demuestren exposición.”
Pero no existen mediciones precisamente porque nunca se realizaron.
Por tanto:
“No existe evidencia de que tengamos un problema.”
Este razonamiento confunde ausencia de evidencia con evidencia de ausencia.
En el contexto mexicano, la NOM-030-STPS-2009 establece precisamente la elaboración de un diagnóstico de seguridad y salud en el trabajo como base para determinar acciones preventivas y correctivas. Dicho diagnóstico debe identificar condiciones peligrosas, agentes capaces de modificar el ambiente laboral, peligros circundantes y requerimientos normativos aplicables.
Desde una lectura agnotológica, el diagnóstico no debe considerarse exclusivamente un requisito documental. Es un mecanismo para reducir el desconocimiento organizacional sobre las condiciones reales de trabajo.
La prevención tradicional ha otorgado históricamente gran importancia a los accidentes traumáticos. Esto es comprensible: una caída, amputación, incendio, electrocución o colapso estructural posee consecuencias inmediatas y fácilmente reconocibles.
Las enfermedades ocupacionales presentan un desafío diferente.
Un trabajador puede estar expuesto durante años antes de manifestar una enfermedad.
Entre exposición y diagnóstico puede haber cambios de empresa, empleos, ciudades e incluso países.
El cuadro clínico puede confundirse inicialmente con una enfermedad común.
La exposición puede interactuar con factores personales o ambientales.
El resultado es una asimetría epistemológica: los accidentes suelen ser visibles; muchas enfermedades laborales deben ser activamente buscadas.
Por ello, una SST centrada exclusivamente en frecuencia y gravedad de accidentes corre el riesgo de producir una falsa sensación de seguridad.
Una empresa podría presentar excelentes indicadores de accidentes y simultáneamente poseer exposiciones relevantes a ruido, agentes químicos, factores ergonómicos o riesgos psicosociales.
La ausencia de traumatismos no demuestra por sí misma la existencia de un ambiente laboral saludable.
Los factores psicosociales ofrecen otro ejemplo importante.
Durante mucho tiempo, determinados problemas relacionados con estrés, violencia laboral, sobrecarga, jornadas extensas o falta de control sobre el trabajo fueron interpretados exclusivamente como problemas individuales.
El razonamiento podía formularse de esta manera:
“El trabajador no tolera la presión.”
“No sabe manejar el estrés.”
“Siempre ha sido ansioso.”
“Necesita organizar mejor su tiempo.”
La perspectiva contemporánea de SST obliga a examinar también la estructura y organización del trabajo.
La OIT reconoce entre los factores psicosociales elementos relacionados con las demandas laborales, carga y ritmo de trabajo, control sobre las tareas, cultura organizacional, seguridad del empleo, relaciones interpersonales y equilibrio entre trabajo y vida personal.
En México, la NOM-035-STPS-2018 establece elementos para identificar, analizar y prevenir factores de riesgo psicosocial, además de promover un entorno organizacional favorable.
Desde la agnotología, resulta interesante analizar los procesos mediante los cuales un problema organizacional puede desaparecer del análisis al ser redefinido exclusivamente como una característica individual del trabajador.
La organización conoce el síntoma pero ignora su contexto.
Esta transferencia de explicación puede limitar las medidas preventivas, porque conduce a intervenciones centradas solamente en modificar al individuo sin revisar las condiciones que generan la exposición.
Los riesgos ergonómicos también poseen una dimensión agnotológica.
Una tarea puede haber sido realizada durante décadas de la misma manera sin que ello demuestre su seguridad. La familiaridad produce en ocasiones una falsa normalización.
Expresiones como “siempre se ha cargado así”, “esa caja no pesa tanto” o “es parte del trabajo” pueden sustituir inadvertidamente una evaluación técnica.
La NOM-036-1-STPS-2018 establece en México elementos para identificar, analizar, prevenir y controlar factores de riesgo ergonómico derivados del manejo manual de cargas.
La diferencia entre una cultura preventiva y una cultura de ignorancia organizacional consiste precisamente en convertir las percepciones en preguntas evaluables.
¿Cuánto pesa realmente la carga?
¿Con qué frecuencia se manipula?
¿Desde qué altura?
¿Existe torsión?
¿Cuál es la distancia horizontal?
¿Puede mecanizarse la tarea?
¿Qué síntomas presentan los trabajadores?
¿Qué evidencia proporcionan las evaluaciones?
La costumbre no constituye una metodología de evaluación de riesgos.
Otro mecanismo importante es la tendencia a atribuir los accidentes principalmente a “actos inseguros”.
Las conductas individuales indudablemente pueden participar en la génesis de los accidentes. Sin embargo, detener la investigación en la acción inmediata del trabajador puede ocultar factores de mayor nivel.
Un operador puede retirar una guarda.
Pero debemos preguntar por qué.
Quizá el diseño de la máquina impide realizar adecuadamente la operación con la guarda instalada.
Quizá existen metas de producción incompatibles con el procedimiento.
Quizá la guarda falla continuamente.
Quizá los trabajadores fueron entrenados informalmente para retirarla.
Quizá el supervisor conoce la práctica.
Si la investigación termina con “acto inseguro del trabajador”, todo ese conocimiento potencial se pierde.
La agnotología muestra que una explicación también puede funcionar como mecanismo de ocultamiento cuando cierra prematuramente una investigación.
Esto tiene relación directa con la jerarquía de controles. NIOSH coloca la eliminación y sustitución por encima de los controles de ingeniería, administrativos y equipo de protección personal porque las medidas superiores reducen la dependencia del comportamiento humano para mantener la protección.
Por ello, cuando cada problema termina resolviéndose únicamente mediante “capacitar nuevamente al trabajador” o “recordar el uso del EPP”, conviene preguntarse si se están ignorando oportunidades de eliminación, sustitución o ingeniería.
La capacitación es indispensable para la SST, pero tampoco es inmune a procesos agnotológicos.
Una empresa puede capacitar anualmente a todos sus trabajadores y seguir teniendo deficiencias importantes en el conocimiento operativo.
Esto sucede cuando la capacitación se evalúa únicamente mediante indicadores administrativos:
100 % del personal capacitado.
100 % de constancias emitidas.
100 % de asistencia.
Estos indicadores demuestran que se realizó una actividad, pero no necesariamente que se adquirieron competencias.
La verdadera pregunta preventiva debería ser:
¿El trabajador reconoce el peligro?
¿Comprende las consecuencias?
¿Puede seleccionar correctamente el control?
¿Sabe responder ante una emergencia?
¿Ejecuta correctamente el procedimiento?
¿Puede detener una tarea cuando las condiciones dejan de ser seguras?
¿La organización permite que utilice ese conocimiento?
Una capacitación puramente documental puede generar otra forma de ignorancia: la organización cree que un riesgo está controlado porque existe evidencia administrativa de que alguien recibió información.
La NOM-030-STPS-2009 contempla expresamente actividades de información, orientación y capacitación en prevención de riesgos dentro de los servicios preventivos de SST. Su eficacia, sin embargo, dependerá de que la capacitación se traduzca en capacidad efectiva para reconocer y controlar peligros.
El estrés térmico permite observar claramente la diferencia entre percepción y evaluación.
La frase “todos tenemos calor” puede trivializar un riesgo que depende de condiciones ambientales, carga física, ropa o equipo utilizado, aclimatación y características de la actividad.
OSHA señala que el reconocimiento del riesgo por calor debe considerar variables como temperatura, humedad, radiación solar, velocidad del aire, fuentes de calor, carga de trabajo y vestimenta o equipos que dificulten la disipación térmica.
Además, recomienda medidas de ingeniería y organización del trabajo para reducir la exposición, no solamente hidratación o respuesta una vez que aparecen síntomas.
Desde una perspectiva agnotológica, esperar a que alguien sufra un golpe de calor para aceptar que existía una exposición representa una forma de conocimiento retrospectivo: el peligro únicamente se vuelve “real” después del daño.
La SST preventiva debe hacer exactamente lo contrario: reconocer las condiciones capaces de producir daño antes de que aparezca el caso clínico.
Un enfoque agnotológico también modifica la posición del trabajador dentro del sistema de SST.
Los trabajadores no son solamente receptores de capacitación.
Son fuentes de información sobre el trabajo real.
Conocen vibraciones que aparecen solamente durante determinadas operaciones, válvulas que se atascan, herramientas improvisadas, problemas de diseño, tiempos insuficientes, alarmas molestas, procedimientos difíciles de aplicar, cambios no documentados, síntomas recurrentes y situaciones que rara vez aparecen durante una auditoría programada.
Cuando una organización desestima sistemáticamente estos conocimientos porque “no son técnicos”, produce un punto ciego.
El especialista posee conocimiento científico y metodológico indispensable.
El trabajador posee conocimiento operacional indispensable.
La prevención efectiva requiere integrar ambos.
Un programa de reporte de condiciones inseguras debería entenderse, por tanto, como un sistema de producción colectiva de conocimiento sobre el riesgo.
Otro fenómeno frecuente es la normalización progresiva.
Una desviación puede comenzar como excepción.
Posteriormente se repite.
No ocurre un accidente.
Entonces vuelve a repetirse.
Con el tiempo deja de percibirse como desviación.
Finalmente pasa a formar parte de la forma cotidiana de trabajar.
La ausencia temporal de consecuencias genera una conclusión incorrecta:
“Si lo hemos hecho cien veces y nunca ocurrió nada, entonces debe ser seguro.”
Sin embargo, una condición peligrosa puede existir durante años antes de coincidir con las circunstancias necesarias para producir un accidente.
La agnotología ayuda a comprender cómo la experiencia cotidiana puede producir un tipo particular de desconocimiento: conocemos que la desviación existe, pero dejamos de interpretarla como información relevante.
La familiaridad reduce psicológicamente la percepción del riesgo sin modificar necesariamente su magnitud física.
Toda organización selecciona aquello que decide medir.
Y toda selección deja algo fuera.
Los indicadores tradicionales de SST suelen concentrarse en accidentes, días perdidos, incapacidades y frecuencia de lesiones.
Son indicadores importantes, pero insuficientes.
Una visión preventiva debería complementarlos con información relacionada con exposiciones, observaciones, vigilancia de la salud, resultados de mediciones, hallazgos de inspecciones, casi accidentes, controles críticos, desviaciones operacionales y percepción de los trabajadores.
Este punto conecta directamente con la segunda categoría de ignorancia descrita por Proctor: la ignorancia derivada de la selección.
No es necesario falsificar datos para producir una visión incompleta.
Puede bastar con medir únicamente aquello que favorece una determinada interpretación.
La pregunta agnotológica adecuada sería:
¿Qué dimensión de nuestra seguridad no aparece en el tablero de indicadores?
Una organización puede aplicar una revisión agnotológica complementaria a sus evaluaciones tradicionales. El siguiente esquema sintetiza algunos signos relevantes:
Dimensión
Pregunta crítica
Identificación
¿Existen peligros que nunca se han evaluado formalmente?
Medición
¿La ausencia de datos proviene de ausencia de riesgo o de ausencia de medición?
Reporte
¿Los trabajadores pueden informar accidentes, síntomas y desviaciones sin temor?
Investigación
¿Las investigaciones buscan causas sistémicas o terminan sistemáticamente en “error humano”?
Ciencia
¿Se consideran todas las evidencias relevantes o solamente aquellas favorables?
Incertidumbre
¿La incertidumbre se utiliza para mejorar la investigación o para posponer controles?
Salud
¿Se investigan tendencias y síntomas tempranos o solamente enfermedades confirmadas?
Indicadores
¿Qué problemas permanecen invisibles en los KPI actuales?
Contratistas
¿Existe el mismo nivel de vigilancia sobre trabajadores propios y externos?
Capacitación
¿Se evalúa aprendizaje y competencia o únicamente asistencia?
Comunicación
¿La información sobre riesgos llega realmente al trabajador expuesto?
Decisiones
¿Quién decide cuándo existe “evidencia suficiente” para controlar un peligro?
Este análisis no pretende demostrar automáticamente la existencia de manipulación deliberada. Su objetivo es identificar zonas de desconocimiento organizacional.
Es igualmente importante evitar el extremo contrario.
La agnotología no significa asumir que toda incertidumbre es producto de intereses ocultos.
Existen incertidumbres científicas legítimas.
Puede desconocerse el efecto de un nuevo material.
Puede existir evidencia contradictoria.
Puede no estar definido el mecanismo toxicológico.
Los estudios disponibles pueden ser pequeños.
Las mediciones pueden poseer limitaciones.
Una evaluación seria de SST debe reconocer estas incertidumbres explícitamente.
Ocultar incertidumbre también sería problemático.
La diferencia fundamental es el uso que se hace de ella.
En una cultura preventiva, la incertidumbre genera investigación, vigilancia y controles proporcionales.
En una cultura agnotológica, la incertidumbre puede convertirse en una excusa permanente para no actuar.
No saber exactamente cuánto daño ocurrirá no significa necesariamente no saber nada.
Los sistemas modernos de SST deberían incorporar explícitamente la gestión del desconocimiento.
Normalmente una empresa administra documentos, procedimientos, investigaciones, mediciones y registros. Sin embargo, podría mantener también un inventario de incertidumbres relevantes.
Por ejemplo:
se sospecha exposición, pero todavía no se ha cuantificado;
existe una nueva sustancia sin suficiente información toxicológica;
los trabajadores reportan síntomas cuya relación laboral no está determinada;
un incidente mostró una falla todavía no completamente explicada;
una modificación de proceso introdujo peligros todavía no caracterizados;
la evidencia disponible sobre determinado control es insuficiente.
Reconocer formalmente estos vacíos evita que sean confundidos con problemas inexistentes.
El principio podría expresarse de la siguiente manera:
un riesgo desconocido debe permanecer registrado como desconocido hasta ser investigado, no desaparecer del sistema por falta de información.
Esta idea transforma la ignorancia de una debilidad en un objeto legítimo de gestión.
En junio de 2022, la Conferencia Internacional del Trabajo reconoció un entorno de trabajo seguro y saludable como principio y derecho fundamental en el trabajo, incorporando los Convenios 155 y 187 de la OIT como convenios fundamentales.
La construcción de ese entorno requiere más que cumplimiento documental.
Requiere una organización capaz de conocer honestamente sus propias fallas.
Esto implica aceptar reportes negativos.
Investigar síntomas.
Escuchar a los trabajadores.
Medir exposiciones.
Conservar registros.
Analizar tendencias.
Investigar desviaciones.
Comunicar incertidumbres.
Modificar procesos.
Y, sobre todo, evitar castigar a quienes proporcionan información incómoda pero necesaria.
Una cultura preventiva madura no es aquella en la que nadie informa problemas.
Es aquella en la que los problemas pueden hacerse visibles suficientemente temprano para impedir el daño.
La investigación de accidentes constituye otro campo de aplicación directa.
Habitualmente se pregunta:
¿Qué ocurrió?
¿Cómo ocurrió?
¿Por qué ocurrió?
¿Qué barreras fallaron?
Una investigación agnotológica agregaría:
¿Qué información existía antes del accidente y no fue utilizada?
Tal vez habían ocurrido tres near misses.
Quizá un operador había informado una falla.
Existía una recomendación pendiente.
Una inspección previa había detectado deterioro.
El manual advertía sobre determinada condición.
Había ocurrido un accidente semejante en otra instalación.
Los trabajadores habían improvisado repetidamente una solución.
La información estaba disponible, pero permanecía dispersa.
En estos casos, la causa del accidente no sería simplemente “falta de conocimiento”, sino una incapacidad organizacional para convertir información existente en conocimiento preventivo accionable.
Esta diferencia es crucial.
Combatir la ignorancia producida en seguridad y salud requiere fortalecer los mecanismos mediante los cuales una organización conoce su realidad.
Entre las medidas particularmente importantes se encuentran la creación de sistemas de reporte no punitivos; investigación de incidentes y casi accidentes; participación real de trabajadores; vigilancia de la salud; programas de higiene industrial; revisión independiente de evidencia; transparencia sobre conflictos de interés; conservación de datos históricos; análisis de tendencias; evaluación de contratistas; auditorías capaces de contrastar documentos con trabajo real; formación basada en competencias; y aplicación efectiva de la jerarquía de controles.
NIOSH establece como orden preferente de control la eliminación, sustitución, controles de ingeniería, controles administrativos y, finalmente, equipo de protección personal.
Esta jerarquía también puede interpretarse agnotológicamente.
Cuando una empresa conoce que existe una alternativa técnicamente viable de eliminación o sustitución pero centra toda la conversación preventiva exclusivamente en el comportamiento y EPP del trabajador, una parte relevante del conocimiento disponible puede estar quedando fuera de la decisión.
Por ello, cada recomendación de seguridad debería acompañarse de una pregunta adicional:
¿Estamos controlando el riesgo o solamente administrando la exposición?
El profesional de seguridad y salud posee una función epistemológica además de técnica.
No solamente mide ruido, investiga accidentes, realiza análisis ergonómicos o verifica cumplimiento.
También determina qué información entra al sistema de gestión.
Decide qué medir.
Cómo medirlo.
Dónde medir.
A quién entrevistar.
Qué evidencia considerar.
Cómo clasificar un hallazgo.
Qué resultados comunicar.
Qué recomendaciones priorizar.
Por ello, su independencia técnica y ética resulta fundamental.
Un informe de higiene industrial, un diagnóstico de SST o una investigación de accidente son mecanismos mediante los cuales una organización construye conocimiento sobre sí misma.
Alterar, seleccionar o minimizar esa información no modifica el peligro.
Solamente modifica la capacidad de verlo.
La ética profesional en SST exige reconocer esta diferencia.
La agnotología puede convertirse en una herramienta especialmente valiosa para auditorías y sistemas de gestión.
Además de verificar:
“¿Existe procedimiento?”
deberíamos preguntar:
“¿Funciona?”
Además de:
“¿Existe capacitación?”
preguntar:
“¿Existe competencia?”
Además de:
“¿Existe medición?”
preguntar:
“¿Es representativa?”
Además de:
“¿Existen cero accidentes?”
preguntar:
“¿Existe confianza para reportarlos?”
Además de:
“¿No tenemos casos de enfermedad?”
preguntar:
“¿Estamos buscándolos?”
Además de:
“¿Cumplimos el límite?”
preguntar:
“¿Podemos reducir todavía más la exposición mediante controles razonables?”
Y además de:
“¿Qué sabemos?”
incorporar permanentemente:
“¿Qué podríamos estar dejando de saber?”
Esta última pregunta resume el aporte fundamental de la agnotología a la Seguridad y Salud en el Trabajo.