La relación entre el cambio climático y la seguridad y salud en el trabajo ha dejado de ser un asunto exclusivamente ambiental para convertirse en un reto directo para los centros laborales. El incremento de las temperaturas, la intensificación de fenómenos meteorológicos extremos, la contaminación atmosférica y la presencia de nuevos riesgos biológicos y químicos están modificando las condiciones en las que millones de personas desarrollan sus actividades. Ante este escenario, México comenzó el proceso para elaborar la primera Norma Oficial Mexicana orientada específicamente a prevenir los riesgos laborales derivados del cambio climático.
El anuncio fue realizado por la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, a través del Comité Consultivo Nacional de Normalización de Seguridad y Salud en el Trabajo, durante su Segunda Sesión Ordinaria de 2026. En dicha sesión se acordó constituir un grupo de trabajo encargado de desarrollar un instrumento normativo que permita identificar, evaluar y controlar los peligros que los cambios ambientales representan para la salud, la integridad física y la vida de las personas trabajadoras.
Tradicionalmente, la regulación laboral se ha concentrado en peligros asociados directamente con instalaciones, maquinaria, sustancias químicas, procesos productivos, ruido, vibraciones, agentes biológicos y condiciones ergonómicas. Sin embargo, el cambio climático introduce variables que pueden modificar o agravar muchos de estos riesgos.
Por ejemplo, una actividad que anteriormente podía realizarse bajo condiciones consideradas aceptables puede volverse peligrosa debido al aumento de la temperatura ambiental, la elevada humedad, la radiación solar intensa o la presencia de contaminación atmosférica. Asimismo, las lluvias extremas, tormentas, inundaciones, sequías y fuertes vientos pueden afectar la estabilidad de estructuras, las rutas de evacuación, la disponibilidad de agua, el suministro eléctrico y la continuidad de las operaciones.
La futura norma buscaría establecer un enfoque preventivo y no únicamente reactivo. Esto significa que los centros de trabajo tendrían que anticipar los efectos del cambio climático, incorporar estos factores en sus diagnósticos de seguridad y salud, y diseñar medidas de control antes de que ocurra un incidente, una enfermedad laboral o una emergencia.
El boletín de la STPS identifica varios peligros documentados por la Organización Internacional del Trabajo. Estos riesgos no se limitan a las labores desarrolladas al aire libre, ya que también pueden presentarse en instalaciones cerradas, procesos industriales, almacenes, talleres, cocinas, plantas de producción y espacios con ventilación insuficiente.
La exposición a temperaturas elevadas es uno de los principales riesgos relacionados con el cambio climático. El calor puede provocar deshidratación, agotamiento, calambres, pérdida de concentración, disminución de la capacidad física y, en casos graves, golpe de calor.
Este peligro afecta especialmente a trabajadores de la construcción, agricultura, minería, transporte, pesca, industria petrolera, mantenimiento, servicios de emergencia y operaciones en espacios confinados. Sin embargo, también puede presentarse en interiores cuando existen hornos, calderas, maquinaria generadora de calor o sistemas de ventilación deficientes.
La prevención requiere considerar factores como la temperatura, la humedad, la radiación térmica, la carga física, el tipo de ropa, el equipo de protección personal, la duración de la jornada y el estado de salud de cada persona.
El aumento de la exposición solar puede incrementar el riesgo de lesiones cutáneas, quemaduras, daño ocular y enfermedades de largo plazo. Las personas que trabajan en exteriores durante periodos prolongados necesitan medidas específicas, entre ellas ropa adecuada, protección para la cabeza, lentes con filtro, bloqueador solar, zonas de sombra y programación de actividades fuera de las horas de mayor radiación.
Este riesgo también requiere capacitación, porque muchas veces sus efectos no son inmediatos. La ausencia de síntomas durante la jornada no significa que no exista daño acumulativo.
Las tormentas eléctricas, huracanes, lluvias intensas, inundaciones, olas de calor, sequías y vientos fuertes pueden afectar directamente la seguridad de las operaciones.
Estos eventos pueden provocar caídas de estructuras, interrupciones eléctricas, derrames de sustancias peligrosas, aislamiento de instalaciones, accidentes viales, colapso de drenajes, fallas en comunicaciones y dificultades para evacuar al personal.
Por ello, los centros de trabajo deberán fortalecer sus planes de emergencia, monitorear alertas meteorológicas y definir criterios claros para suspender actividades cuando las condiciones representen un peligro inminente.
El cambio climático puede favorecer la acumulación de contaminantes en el aire y agravar enfermedades respiratorias. La exposición a partículas, humo, ozono y otros contaminantes puede afectar especialmente a personas con asma, enfermedades cardiovasculares, alergias o antecedentes respiratorios.
Las organizaciones tendrían que evaluar la calidad del aire, controlar las fuentes internas de contaminación, mejorar la ventilación y establecer medidas para reducir la exposición durante episodios críticos.
El aumento de la temperatura y los cambios en los patrones de lluvia pueden ampliar la presencia de mosquitos, garrapatas y otros vectores. Esto incrementa la posibilidad de enfermedades en trabajadores agrícolas, forestales, de saneamiento, construcción, mantenimiento, exploración y actividades en zonas tropicales o rurales.
La prevención incluye control de plagas, eliminación de criaderos, uso de repelentes, ropa protectora, vigilancia médica y capacitación para identificar síntomas tempranos.
Las modificaciones en los ciclos de cultivo, la proliferación de plagas y la necesidad de mantener la producción agrícola pueden incrementar el uso de fertilizantes, plaguicidas y otras sustancias químicas.
Esto puede aumentar la exposición ocupacional por inhalación, contacto con la piel o ingestión accidental. La futura regulación podría impulsar controles más estrictos relacionados con almacenamiento, manejo, aplicación, equipo de protección, higiene, capacitación y vigilancia de la salud.
El cambio climático no solo genera peligros directos. También pueden surgir riesgos relacionados con las acciones que las organizaciones implementan para adaptarse.
La incorporación de nuevas tecnologías, la modernización de infraestructura, la reubicación de actividades, la instalación de sistemas de energía renovable y los cambios en los procesos pueden introducir peligros eléctricos, mecánicos, químicos o ergonómicos.
Por ejemplo, la instalación de paneles solares implica trabajos en altura y riesgos eléctricos. La modificación de jornadas puede generar fatiga. La reubicación de áreas productivas puede alterar rutas de evacuación. La automatización puede reducir algunos peligros, pero también crear nuevas exigencias de capacitación y mantenimiento.
Por esta razón, la gestión del cambio será un elemento fundamental. Cada modificación deberá evaluarse antes de su implementación para evitar que una medida ambiental genere un nuevo riesgo laboral.
El proceso normativo tomará como referencia la ISO/PAS 45007:2026, un documento internacional enfocado en los riesgos para la seguridad y salud en el trabajo derivados del cambio climático y de las acciones climáticas.
Este enfoque se basa en la gestión de riesgos y busca que las organizaciones sean capaces de anticipar cambios, evaluar vulnerabilidades y adoptar controles adecuados.
La futura NOM podría integrarse con los sistemas de gestión de seguridad y salud existentes, especialmente con metodologías que contemplan la identificación de peligros, la evaluación de riesgos, la participación de los trabajadores, la preparación ante emergencias y la mejora continua.
Aunque la norma todavía se encuentra en etapa de desarrollo, es posible anticipar algunos elementos que podrían formar parte de sus obligaciones.
Entre ellos se encuentran la evaluación de riesgos climáticos, el monitoreo de condiciones ambientales, la definición de medidas preventivas, la capacitación del personal, la actualización de planes de emergencia y la vigilancia de la salud.
También podrían establecerse procedimientos para modificar jornadas, implementar pausas de recuperación, garantizar hidratación, habilitar áreas de sombra, suspender actividades ante condiciones peligrosas y proteger a trabajadores especialmente sensibles.
Estas medidas tendrían que adaptarse al tamaño de la empresa, el sector productivo, la ubicación geográfica y el tipo de exposición.
La eficacia de una regulación de este tipo dependerá de la participación de quienes conocen las condiciones reales de trabajo. Los trabajadores pueden identificar cambios en la temperatura, síntomas de fatiga, fallas en ventilación, acumulación de contaminantes y situaciones inseguras que no siempre son visibles para la dirección.
Por ello, las comisiones de seguridad e higiene podrían desempeñar un papel relevante en la detección de peligros, la investigación de incidentes y la propuesta de medidas preventivas.
Los empleadores, por su parte, deberán integrar los riesgos climáticos dentro de sus programas de seguridad y salud, asignar recursos y garantizar que las medidas se apliquen de forma efectiva.
Los efectos del cambio climático pueden afectar de manera distinta a cada persona. La edad, el estado de salud, el nivel de aclimatación, el consumo de medicamentos, la condición física y la presencia de enfermedades crónicas pueden aumentar la vulnerabilidad.
La vigilancia médica ocupacional deberá considerar estos factores para identificar a quienes requieren medidas adicionales. También será importante registrar síntomas, incidentes, ausentismo y enfermedades relacionadas con calor, contaminación, vectores o exposición química.
La información médica no debe utilizarse para discriminar, sino para implementar controles y proteger a las personas trabajadoras.
Los planes de emergencia tendrán que incorporar escenarios que antes podían considerarse poco frecuentes. Entre ellos se encuentran inundaciones, tormentas severas, incendios forestales, olas de calor prolongadas y fallas en servicios básicos.
Las empresas deberán revisar rutas de evacuación, sistemas de comunicación, refugios, suministros de agua, equipos de respaldo y mecanismos para localizar al personal.
También será necesario establecer criterios de suspensión de actividades y protocolos para reiniciar operaciones después de un evento extremo.
Aunque el instrumento todavía no es obligatorio, las empresas pueden comenzar a prepararse. Anticiparse ofrece beneficios importantes, como reducir accidentes, evitar enfermedades, mejorar la continuidad operativa y disminuir pérdidas económicas.
Las organizaciones que incorporen la variable climática en sus evaluaciones podrán responder con mayor rapidez ante emergencias y demostrar un compromiso real con la protección del personal.
Además, una gestión preventiva fortalece la reputación corporativa, facilita el cumplimiento de requisitos de clientes y puede mejorar la relación con autoridades, trabajadores y comunidades.
El grupo de trabajo tiene previsto presentar un preanteproyecto en octubre de 2026. Posteriormente, se propondría su incorporación al Programa Nacional de Infraestructura de la Calidad 2027.
Este proceso puede incluir revisión técnica, consulta pública, recepción de comentarios y aprobación formal. Por lo tanto, el contenido definitivo de la norma podría modificarse antes de su publicación.
Es importante distinguir entre el inicio del proceso y la entrada en vigor de una obligación. Actualmente se están sentando las bases para elaborar la regulación, pero todavía no existe una NOM definitiva sobre esta materia.
Uno de los principales retos será diseñar una norma aplicable a sectores muy diversos. No enfrentan los mismos riesgos una oficina, una plataforma petrolera, un campo agrícola, una fábrica o una obra de construcción.
La regulación tendrá que establecer principios generales y, al mismo tiempo, permitir que las medidas se adapten a cada entorno.
Otro desafío será garantizar que las micro, pequeñas y medianas empresas puedan cumplir sin enfrentar cargas desproporcionadas. Para ello serán necesarias guías, capacitación, herramientas de evaluación y criterios claros.
También será indispensable coordinar la futura NOM con otras disposiciones vigentes para evitar duplicidades o contradicciones.
La resiliencia laboral consiste en la capacidad de una organización para anticipar, resistir y recuperarse de eventos adversos sin poner en riesgo a su personal.
Un centro de trabajo resiliente no se limita a reaccionar ante una emergencia. Evalúa sus vulnerabilidades, mantiene planes actualizados, capacita a sus trabajadores y revisa constantemente la eficacia de sus controles.
Frente al cambio climático, esta capacidad será cada vez más importante para garantizar la continuidad de las operaciones y la protección de la salud.
Fuente: Boletín: 51/2026 STPS